Oratoria
mitinesca versus oratoria parlamentaria. 8 marzo del 2016
Cuando
un político empieza a participar en mítines de la campaña electoral se le hace hincapié
en lo emocional, lo grandilocuente, todo aquello que entusiasme a las masas y
que genere emoción en un público cercano. Porque el contrincante no está
presente, es una reunión de amigos, conocidos y posibles adláteres futuros. No
hay que convencer hay que exaltar a favor de nosotros y en contra del otro,
convertir al otro de contrario en enemigo. La oratoria mitinesca implica gestos,
altibajos de voz y de emoción, el uso de frases altisonantes, el uso de medias
verdades y de insinuaciones, sembrar dudas, crear malestar en el contrario,
irritar, todo aquello que ayude está permitido.
La
oratoria parlamentaria es diferente, requiere argumentos, lógica, poder
estructurar una exposición alrededor de un tema, de un problema, habilidad para
expresar soluciones, habilidad para educar, instruir, señalar ventajas y
conveniencias. Capacidad de análisis y de síntesis. Implica otras habilidades y
por lo tanto requiere otro entrenamiento. Hay que estudiar, leer, buscar información,
trabajo de equipo, decidir estrategias y tácticas, mejorar las habilidades
expositivas, mejorar como orador tranquilo y coherente, como expositor racional
y lógico.
No
se requiere gritar, ni gesticular mucho, ni cambios de volumen de voz, ni
agredir, ni irritar al adversario. Atacar en el parlamento lo único que genera
es la defensa del adversario. Si busco que me entienda y lo que busco es
convencer, no puedo atacar, ni irritar. Tengo que aprender a vender, a ofrecer
un nuevo producto, y además tengo que hacerlo con soltura, sin forzar, sin
poner en evidencia al contrario, tengo que ofrecer una salida honrosa al que
cambia de opinión, al que sale vencido por los argumentos. Atacar es promover
la defensa del agredido, es conseguir que se oponga a mis argumentos sin pensarlos
siquiera. Es perder la ventaja que podría tener, es perder el combate al
empezar.
Esto
lo podemos ver claramente en el parlamento cuando un partido usa la oratoria
mitinesca, automáticamente cava una trinchera y se mete en ella, porque está
seguro que lo único que logrará es irritar al otro bando y terminará tarde o
temprano atacando a su vez, por eso necesitamos la trinchera para defendernos
de lo que vendrá de regreso de mi actuación. Es romper y echar por tierra todo
lo que representa el parlamento, que tiene que ver con parlamentar no con atacar,
ni con ganar o vencer se trata más bien de convencer.
La
historia reciente nos muestra cuatro años de mayoría absoluta, cuatro años de
parlamento atrincherado, donde el mayor argumento utilizado fue el “ytumas”
como arma arrojadiza. Donde usamos la mayoría para arrollar, humillar y
mantener al opositor cabreado. Pero además dijimos que la trinchera es culpa
del otro. Cuando cualquiera de ellos si hubiera
utilizado una oratoria parlamentaria con el tiempo la habría impuesto, hubiera evitando
la trinchera, evitando la guerra, generando un intercambio de ideas y de
argumentos, con toda la pasión requerida pero salvando la buena educación y las
buenas costumbres. Y esto le tocaba principalmente al que tenía la ventaja, al
dueño de la mayoría absoluta.
Hay
comportamientos individuales mitinescos, en el orador que hemos descrito, y también
hay comportamientos mitinescos grupales, como los partidos que se comportan
como cardumen de peces, todos aplauden o vociferan a la señal, se callan
cuando nos conviene, o mejor dicho cuando hemos autorizado u obligado “el callar”
o hemos dicho: ahora a vociferar, ahora a interrumpir, abuchear, ahora molestar…
Ojo: con el jefe aplausos, vítores, exclamaciones de aprobación y alegría.
Comportamiento
mitinesco cuando todos votan correctamente después de ver la seña del encargado
de señas, ya que haya un encargado de señas es muy indicativo de la poca libertad
de voto y de la negada libertad de expresión. Ninguno improvisa, todos deben
leer el material preparado por el partido. Porque tengo miedo que alguno no
siga la consigna, que alguno use un argumento no aprobado, que alguno vaya por
libre. Sumisión y obediencia al jefe, al
partido, a la posición correcta establecida por el comité, por los que mandan.
Que
lastima de parlamentarios, que poca dignidad. Que poca democracia existe, nos
falta mucho por aprender. Claro, pero esto en España suena a utopía, a sueño de
Quijote.