Me acerqué al coche-bar para
descansar de un largo viaje a Valencia y al entrar tomé del mostrador un diario.
Una señora leía a mi lado y desde
atrás se acercó un paisano también bastante mayor y señalando la mesa donde la
señora tenía dos diarios uno encima del otro, le dice:
─ ¿Por favor me puede dar el diario
El Mundo que tiene debajo?
─ No. Porque lo voy a leer después.
Contesta la señora tomando firmemente ambos diarios.
─ Pero, si está leyendo otro.
─ Me da igual. Y con un gesto de
enfado le añade: He venido dos veces y estaba ocupado, no pienso volver de
nuevo a buscarlo.
─ Pero…
El señor se retira molesto mientras la
señora refunfuña asegurando sus diarios.
Al terminar de leer el diario se lo
ofrecí al señor que murmuraba algo sobre la mala educación de la gente.
─ No gracias. Yo quiero El Mundo. Me
contestó señalando a la vecina.
─ Pues tendrá que esperar murmuró la
otra.
Doblé el diario y lo coloqué en el
mostrador donde había otros dos periódicos y oigo una conversación donde
alguien le comenta al amigo que tiene a su lado:
─ Esto lo había visto en el parque
cuando llevo mi nieto y dos niños se pelean por un camión de juguete. Los niños
quieren el camión que tiene el otro niño. Y el amigo le contesta:
─ Si, con los niños siempre pasa. También
está el niño que acumula varios juguetes y no juega con nadie pendiente de que
no le quiten sus juguetes.
─ Gracias a Dios los niños maduran.
─ Parece que no todos, algunos siguen
peleando y quieren precisamente el que tiene el otro.
─ La madurez no está garantizada con
la edad. No todos los niños superan esa
etapa.
─
Tampoco hay vacuna para la tozudez. Sentenció saliendo del coche bar.
Salinas 31 de marzo 2018