viernes, 17 de agosto de 2018

Bravo por el Atlético de Madrid


Las uvas están verdes…  
Me han hecho recordar mi infancia. Contando seis años, en la visita para solicitar mi aceptación en el colegio de jesuitas, el cura encargado me puso a leer la fábula de Esopo del zorro y las uvas, donde recuerdo que el animal veía las jugosas y maduras uvas y dado saltos no lograba alcanzarlas y cansado decide que las uvas están verdes. Resignación cristiana o esópica, pero resignación al fin y al cabo. Quizás por esa misma razón siempre me ha molestado la resignación. Eso de resignarse nunca ha ido conmigo. Por eso estoy molesto ahora, ya no tengo seis años, pero quieren que me resigne de nuevo. Hablo de fútbol. Hablo de la manía privatizadora de la derecha europea y de los señores codiciosos que quieren ganar más dinero con las trasmisiones por televisión del futbol, de la liga, la Champions, o la UEFA. Ahora: o pagas o no hay fútbol, en plena crisis todavía para muchos, donde el abono en el estadio del equipo es costoso y la televisión paga también es muy onerosa.
Ayer en un partido jugado en Tallin-Estonia, el gran Atlético de Madrid, dicho con una gran objetividad, y sin que se me note el plumero, le ganó al Real Madrid la supercopa de Europa, (incluir aplausos en este momento), se esperaba que lo transmitieran en abierto como los años anteriores. ¡Pues no! Este año la subasta la ganó Movistar, y todos a pagar o no ven el fútbol. Pero todavía la cosa es más privada, ahora ni los goles puedes ver en el resumen de un minuto del telediario, ni en la prensa, ni en televisión, ni en Euronews, en ninguna parte, lo único que he logrado ver es una fotografía de Saul y Koke celebrando un gol, Nada de nada.
Conviene recordarles a las castas codiciosas que el pan y circo es el único método comprobado de tranquilizar o distraer a las masas y el precio del pan ha subido y si el circo se pone imposible las masas no podrán distraerse y esas represiones siempre terminan en conflictos sociales. (Véase revolución francesa como ejemplo). Por supuesto empiezan en menor escala, cuando el aficionado, por no tener dinero para pagar el abono o la entrada en el estadio, se va al bar de la esquina a ver el partido de liga de su equipo local y al celebrar un gol se da cuenta que está rodeado de fans del equipo rival y que está metido en medio de la barra brava de su enemigo jurado. Si sobrevive el siguiente partido tendrá la revancha si logra encontrar un bar que retransmita el partido y que sea de una cofradía amiga. Así la separación de fanáticos, será la única cosa que logre evitar el enfrentamiento, por eso para preservar la paz social conviene que el circo, es decir el fútbol esté por televisión en abierto.
Dada la realidad estoy casi seguro que tendré que decidir de nuevo que esas uvas, léase el fútbol, están verdes. Me dedicaré a la petanca, que acabo de recordar hay un campo aquí cerca en la sede de los jubilados y tengo que pensar y convencerme que es tan emocionante como el fútbol. Antes de que la privaticen. ¡Que viva la petanca!
Salinas 16 de agosto del 2018

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