jueves, 21 de febrero de 2019

Dilema del siglo XXI

Estamos en la segunda década del siglo XXI, el año 2019. Venezuela institucional y económicamente en el suelo, cada familia ahorrando en divisas, cuidando el pote como garantía de futuro,  en el mejor de los casos los próximos años estarán concentrados en la reconstrucción del país, muchos de nosotros emigrados, otros en el país resistiendo. La que escribe viviendo en España, con alrededor de setenta años, para no entrar en detalles.
Según dicen las malas lenguas las mujeres tenemos el gen o la característica genética de enviudar mucho más que los hombres. Por aquello de “en caso de duda Yo la viuda” por lo tanto esta década que comienza el año que viene tengo bastante posibilidades de enviudar ya que mi marido mayor que yo tiene la debilidad genética de ser hombre.

Una ya entrenada en aquello de planificar y como lo de la soledad no me parece ni adecuada, ni recomendable, pensando en el futuro me pregunto qué debo hacer. Surgen alternativas, por ejemplo conseguirme un joven con dinero, para no estar con esta austeridad que nos acogota, bueno, lo de joven digamos un mayorcito maduro, menor que yo para que me dure unos cuantos años, que por lo menos sea independiente económicamente y que me acompañe en mi soledad.  Repensándolo bien, esto de un varón lleno de testosterona, aunque tenga sesenta años, no sé… Quizás no sea la mejor alternativa.

Otra opción seria vivir con alguno de mis hijos, pero solo tengo hijos varones, así que más correcto sería decir: vivir con una de mis nueras. Y aquí recuerdo aquello que escribí hace algunos años donde señalaba que viviendo con una nuera uno no deja nunca de ser la suegra, quizás matizado con que somos también la abuela, pero lo de suegra cuelga como la espada de Damocles sobre la convivencia, tendríamos que tener un master en diplomacia. Déjame pensarlo un poco más.

En aquella oportunidad el relato terminaba lamentando no tener una hermana viuda también con mucho dinero para que me acoja compartiendo su hogar. Aquí también queda disminuido por aquello de que uno escoge a los amigos pero no a la familia, uno no selecciona a las hermanas las tiene adjudicadas por sangre. Y a veces cuesta congeniar caracteres. Pero esta alternativa siempre rememora un síndrome familiar. “El síndrome de la cueva” “La casa de las niñitas Ayala” Ya leyenda y tradición familiar. Esto en muchos miembros varones de la familia se vería como normal, adecuado, justo, digno y saludable. Por supuesto también he escrito sobre las nuevas niñitas que antes eran solteras, beatas y sin formación profesional, ahora han estudiado bachillerato, son graduadas universitarias, con postgrado muchas de ellas, han trabajado fuera de la casa y tiene experiencia laboral, algunas con hijos y nietos y que han llevado una vida independiente y moderna en muchos aspectos. Esta alternativa tiene muchos puntos a favor.  Aunque es importante destacar que esta cueva sería totalmente distinta e independiente del patriarcado machista. (Ver síndrome de la cueva)


Otra forma de juntarse y ayudarse en estos tiempos modernos es compartir entre amigos, no familiares, cuñadas o concuñadas, comadres, con el criterio de “juntos pero no revueltos” juntando bienes y habilidades, repartir las tareas, establecer normas de coexistencia, y ceder en gustos, manías, preferencias y negociar modelos de convivencia. Y esta alternativa es muy parecida a la anterior con algunas mejoras al poder seleccionar los miembros y se puede promover ciertos caracteres, gran disminución de los inconvenientes. Habrá que tomarla en cuenta.

Y ahora lo que se me ocurre es enviar este escrito a las hermanas, cuñadas, comadres y ver qué pasa y dependiendo de las respuestas y comentarios seguir hablándolo.


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