Como hacemos muchos días hoy caminamos por la playa de Salinas, disfrutando de esos casi cuatro kilómetros de playa preciosa con arena dorada, y llegando al espigón de San Juan, veo que ya instalaron la caseta para los socorristas por estar comenzando la temporada de verano, y aunque no hay ningún bañista ya están colocadas las dos banderas indicando la zona de baño, que como ha ocurrido otras veces aunque el mar este tranquilo y la playa tenga una gran extensión a veces solo permiten bañarse en unos pocos metros.
Llegando al final del paseo me
distraigo viendo a un paisano conocido que todos los días como nosotros camina
por la playa y al llegar a esta esquina se da un baño de unos pocos minutos,
sin entrar mucho en el mar, con el agua a la rodilla y regresa caminando hasta
el museo de las anclas. En ese momento oigo un fuerte pitido, volteo a ver a
que se debe y veo a un socorrista que se acerca a la orilla, con su flotador a
la banderola, camisa naranja y con aire de autoridad le hace una seña al
paisano indicándole que esta fuera de la zona de baño permitida.
Es el único bañista en esos últimos
dos kilómetros de playa que llaman la playa de San Juan, el mar está tranquilo,
el infractor tiene el agua a altura de las rodillas y el socorrista le indica:
¡AHÍ NO, más a la derecha! Todos los
días se baña con poca o mucha gente, en invierno o verano y hoy que está solo
alguien que lo vigila le prohíbe bañarse donde siempre. Hoy le indica donde está
permitido bañarse, y donde está prohibido
bañarse. Hoy está la autoridad presente y viene a poner orden. El paisano, muy
buena gente, camino con el agua hasta la rodilla hasta donde le indicaba el
socorrista y continuó con su baño mientras el socorrista con mirada adusta lo
vigilaba desde unos veinte metros.
Recordé a mi viejo profesor que
decía; “si quieres conocer a Pedrito dale un carguito” aquí es aplicable “si
quieres conocer a Paco dale un pito” Es impresionante como un pito y un
flotador puede transformar a una persona cuya función es cuidar a los bañistas,
procurar su seguridad y tranquilidad, en alguien que solo quiere demostrarnos
quién es la autoridad, quien tiene el pito en la boca y a quien hay que
obedecer.
La otra alternativa que se me
ocurre es que está aburrido porque su primer día no hay bañistas y busca en
quien lucir su potencia soplando el pito. Son cosas absurdas que pasan con
demasiada frecuencia. En mis tiempos de escuela recuerdo que el profesor de
biología decía: La función hace al órgano y es aplicable a decir: las
asignaciones de autoridad hacen al imbécil.
Ya el año pasado un socorrista
mal humorado, enfrente a los edificios de Salinas, en un día de mucha afluencia
de bañistas teniendo más de un kilómetro de playa con el mar tranquilo, colocó
las bandera a unos 30 metros una de la otra, y habían varios cientos de adultos
y niños bañándose desde la orilla hasta donde rompían las olas que los obligaba
abañarse bastante o demasiado juntas. Y me acerque al joven que parecía dirigir
la vigilancia desde una silla escalera de vigilancia y le comente que si ponía
las banderas más juntas, podría lograr que todos se bañaran en fila india. Y si
estaba malhumorado, lo pude comprobar.