sábado, 8 de febrero de 2014

Mujeres las de antes, por favor.

Mujeres las de antes, por favor.

Yo recuerdo cuando era niño a muchos amigos de mis padres que eran descendientes de españoles, con varias generaciones en Venezuela pero muy ligados a la madre patria. Me imagino por aquello de que “los burros del mismo pelo se juntan para rascarse” o dicho de forma más castiza: “Dios los cría y ellos se juntan”
En algunas familias conocí a las tías viejas y solteras, podían ser dos o tres pero siempre viejas y solteras, también muy religiosas que podríamos clasificar de beatas, muy comedidas en sus comentarios, más bien tímidas o reservadas. Educadas y de una urbanidad decorosa casi religiosa. Una característica era que los tíos, sus hermanos varones, los primos y sobrinos se referían a ellas como las “niñitas”

En otras familias no conocí a tías viejas solteras, pero había las hermanas jóvenes ya casaderas, que estaban en camino de ser “las futuras niñitas” porque no parecía que fueran a encontrar novio, no por que fueran feas o maleducadas sino porque no los buscaban o no podían buscarlo, no las dejaba el excesivo control paterno. Porque cuando iban a una fiesta era en el grupo familiar, vigiladas o cuidadas por varias personas, madres, tías o abuelas, que hacían de carabinas y ejercían un fiero control. Se sentaban en la misma mesa, no bailaban si era baile, no bebían si era brindis, solo miraban. Es decir estaban en camino de ser las tías viejas y solteras.

Ya de adolescente sufrí y presencié en más de una ocasión el típico control familiar: El novio que visita a la novia, saluda a los padres y hermanos, y pasan a sentarse en el salón a conversar con tan mala suerte que ese día estaba la abuela y muy diligente la vieja inmediatamente busca unas enormes agujas y cogiendo su bolsa de tejido se sienta enfrente de la pareja a tejer. Cosa que hace con gran maestría, porque no necesita ver el tejido, aunque se colocaba las gafas en la punta de la nariz por si acaso, pero con la vista fija en la parejita, por si se producía algún movimiento inapropiado o acercamiento peligroso para poderle llamar la atención a ese novio descarado de hormonas alborotadas. Otra característica era que ese control era solo para las mujeres los varones gozaban de una gran libertad.

A veces la vigilancia la ejercía una de las tías, una de las niñitas, pero de que había vigilancia la había y muy férrea pero siempre era mejor que la abuela del tejido, me imagino porque en el fondo sentía nostalgia del noviazgo perdido. Así era la educación que se les daba a las niñas en las familias españolas católicas residenciadas en América latina. Eran las normas educativas de la vieja usanza, las de una familia como Dios Manda. Las hijas bien educadas y cristianas.  

Hablo de los años sesenta y setenta, hace poco, posiblemente esas costumbres se había erradicado desde mucho tiempo en España, no lo sé. Pero en latino América se mantenían solo en las familias católicas tradicionales. La modernidad fue acabando con ese control machista basado en la desconfianza con la mujer. La educación familiar ha mejorado notablemente en gran medida gracias a la rebeldía de las nuevas generaciones. Las mujeres han ido ganando respeto y dignidad. Ahora pueden ser profesionales, algunas con postgrado, exitosas en sus trabajos, independientes con criterio propio, inteligentes, modernas y responsables, ya sean casadas, divorciadas, o solteras con o sin hijos.  
No son las sumisas y calladas de antes que quiere Gallardón


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