Mujeres
las de antes, por favor.
Yo
recuerdo cuando era niño a muchos amigos de mis padres que eran descendientes
de españoles, con varias generaciones en Venezuela pero muy ligados a la madre
patria. Me imagino por aquello de que “los burros del mismo pelo se juntan para
rascarse” o dicho de forma más castiza: “Dios los cría y ellos se juntan”
En
algunas familias conocí a las tías viejas y solteras, podían ser dos o tres
pero siempre viejas y solteras, también muy religiosas que podríamos clasificar
de beatas, muy comedidas en sus comentarios, más bien tímidas o reservadas.
Educadas y de una urbanidad decorosa casi religiosa. Una característica era que
los tíos, sus hermanos varones, los primos y sobrinos se referían a ellas como
las “niñitas”
En
otras familias no conocí a tías viejas solteras, pero había las hermanas
jóvenes ya casaderas, que estaban en camino de ser “las futuras niñitas” porque
no parecía que fueran a encontrar novio, no por que fueran feas o maleducadas
sino porque no los buscaban o no podían buscarlo, no las dejaba el excesivo control
paterno. Porque cuando iban a una fiesta era en el grupo familiar, vigiladas o
cuidadas por varias personas, madres, tías o abuelas, que hacían de carabinas y
ejercían un fiero control. Se sentaban en la misma mesa, no bailaban si era
baile, no bebían si era brindis, solo miraban. Es decir estaban en camino de
ser las tías viejas y solteras.
Ya
de adolescente sufrí y presencié en más de una ocasión el típico control
familiar: El novio que visita a la novia, saluda a los padres y hermanos, y
pasan a sentarse en el salón a conversar con tan mala suerte que ese día estaba
la abuela y muy diligente la vieja inmediatamente busca unas enormes agujas y cogiendo
su bolsa de tejido se sienta enfrente de la pareja a tejer. Cosa que hace con
gran maestría, porque no necesita ver el tejido, aunque se colocaba las gafas
en la punta de la nariz por si acaso, pero con la vista fija en la parejita,
por si se producía algún movimiento inapropiado o acercamiento peligroso para
poderle llamar la atención a ese novio descarado de hormonas alborotadas. Otra característica
era que ese control era solo para las mujeres los varones gozaban de una gran
libertad.
A
veces la vigilancia la ejercía una de las tías, una de las niñitas, pero de que
había vigilancia la había y muy férrea pero siempre era mejor que la abuela del
tejido, me imagino porque en el fondo sentía nostalgia del noviazgo perdido. Así
era la educación que se les daba a las niñas en las familias españolas católicas
residenciadas en América latina. Eran las normas educativas de la vieja usanza,
las de una familia como Dios Manda. Las hijas bien educadas y cristianas.
Hablo
de los años sesenta y setenta, hace poco, posiblemente esas costumbres se había
erradicado desde mucho tiempo en España, no lo sé. Pero en latino América se
mantenían solo en las familias católicas tradicionales. La modernidad fue
acabando con ese control machista basado en la desconfianza con la mujer. La
educación familiar ha mejorado notablemente en gran medida gracias a la
rebeldía de las nuevas generaciones. Las mujeres han ido ganando respeto y
dignidad. Ahora pueden ser profesionales, algunas con postgrado, exitosas en
sus trabajos, independientes con criterio propio, inteligentes, modernas y
responsables, ya sean casadas, divorciadas, o solteras con o sin hijos.
No son las sumisas y calladas de antes que
quiere Gallardón
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