Un gobierno con 85 escaños no es un gobierno
es un chiringuito, esto lo escuche hoy de un tertuliano en un programa de
Telecinco. Planteado de manera diferente lo he escuchado de muchas personas en
los últimos años: El gobierno puede hacer
lo que quiera para eso lo elegimos, Hay que mandar como Dios manda. El
presidente lo que tiene que hacer es mandar. Aunque parece distinto, en el
fondo es lo mismo. Todos son comentarios basados en el ya pasado de moda
absolutismo de los siglos XVII y XVIII. Bueno, en España duró más tiempo. Ya
pensando en algo más cerca parece que los cuarenta años de Franco han dejado
mucha huella.
Una de los
beneficios de acabar con el bipartidismo es que las mayorías absolutas se han
acabado, por lo menos eso espero por el bien de la democracia en España. Los
gobiernos mayoritarios de Aznar y de Rajoy han terminado igual, nadie los
quiere, o dicho de forma electoral, han
perdido muchos votos y siempre en el análisis se atribuye la disminución de votos
al exceso de arrogancia del gobierno o el mal uso de la mayoría, aunque en
ambos casos también se añade como causa probable las molestias populares, léase
cabreo colectivo, por la pérdida de derechos o de privilegios y ayudas
sociales.
Los nuevos
tiempos nos exigen aprender a gobernar en minoría, ya la estrategia de ganar
todas es prácticamente imposible, ahora tienen que negociar, en el mejor
sentido del término, con los partidos de la oposición para poder legislar,
llegar a acuerdos, transigir, aprender la estrategia ganar-perder como
alternativa a perder-perder en la que perdemos todos.
Pero esa
frase “en el mejor sentido del término” es muy importante en regeneración
democrática. Me explico: Negociar pensando en España. Esto suena muy bonito
pero todos lo dicen y nadie lo practica. Veamos comportamientos de diputados que
demuestran el poco pensar en España y sobre todo demuestran un comportamiento
antidemocrático:
-
Solo aplaudo a mi líder y procuro hacer ruidos y
molestar al orador contrario cuando nos critica.
-
Levantamos la mano para votar, todos a una,
cuando el portavoz nos da una seña. O votamos de forma electrónica de acuerdo a
la seña del portavoz. Sin equivocarme aunque a veces no sé qué estoy votando.
-
Todo lo que proponga el contrario es malo y hay
que oponerse, aunque después me convenga utilizarlo. Ya veré como lo justifico.
-
Mientras
hablan el opositor juego al pokemon,
respondo mi correo o whatsApp con el móvil.
-
Aprovecho al máximo todas las prebendas
económicas que el congreso ofrece: gastos de representación, viajes en avión,
apoyos a vivienda, dietas, comisiones y permisos para atender mi trabajo
privado que me ocupa gran parte de mi tiempo.
El cambio
más profundo sería poder ver un acuerdo donde lo principal no sea lo que
obtengo por mis votos, que no sea “que me das para que te vote ese proyecto de
ley” Hay que eliminar los mercaderes del
templo, a latigazos si es necesario. Quisiera ver:
- Un diputado aplaudir a una
intervención de otro diputado de un partido contrario
- Quisiera oír a un diputado decir
que está de acuerdo con un planteamiento de un opositor
- Quisiera ver a diputados de un
partido votando distintas alternativas sin ser traidor o tránsfuga.
- Quisiera que el Senador o diputado
de mi comunidad me represente a mí y no a su partido.
Cada uno de
ellos representa a una comunidad que puede beneficiarse o no dependiendo de la
propuesta y no tiene que ser siempre solo lo que beneficia al partido.
Parece que
sigo soñando con un mundo al revés como el lobito bueno de Goytisolo, una bruja
hermosa y un pirata honrado. Podría añadir un político honesto y un gobierno
demócrata… pero como diría Segismundo o Calderón “que toda la vida es sueño, y
los sueños, sueños son”