jueves, 8 de septiembre de 2016

Gobierno o chiringuito


Un gobierno con 85 escaños no es un gobierno es un chiringuito, esto lo escuche hoy de un tertuliano en un programa de Telecinco. Planteado de manera diferente lo he escuchado de muchas personas en los últimos años: El gobierno puede hacer lo que quiera para eso lo elegimos, Hay que mandar como Dios manda. El presidente lo que tiene que hacer es mandar. Aunque parece distinto, en el fondo es lo mismo. Todos son comentarios basados en el ya pasado de moda absolutismo de los siglos XVII y XVIII. Bueno, en España duró más tiempo. Ya pensando en algo más cerca parece que los cuarenta años de Franco han dejado mucha huella.

Una de los beneficios de acabar con el bipartidismo es que las mayorías absolutas se han acabado, por lo menos eso espero por el bien de la democracia en España. Los gobiernos mayoritarios de Aznar y de Rajoy han terminado igual, nadie los quiere, o  dicho de forma electoral, han perdido muchos votos y siempre en el análisis se atribuye la disminución de votos al exceso de arrogancia del gobierno o el mal uso de la mayoría, aunque en ambos casos también se añade como causa probable las molestias populares, léase cabreo colectivo, por la pérdida de derechos o de privilegios y ayudas sociales.
Los nuevos tiempos nos exigen aprender a gobernar en minoría, ya la estrategia de ganar todas es prácticamente imposible, ahora tienen que negociar, en el mejor sentido del término, con los partidos de la oposición para poder legislar, llegar a acuerdos, transigir, aprender la estrategia ganar-perder como alternativa a perder-perder en la que perdemos todos.

Pero esa frase “en el mejor sentido del término” es muy importante en regeneración democrática. Me explico: Negociar pensando en España. Esto suena muy bonito pero todos lo dicen y nadie lo practica. Veamos comportamientos de diputados que demuestran el poco pensar en España y sobre todo demuestran un comportamiento antidemocrático:

-        Solo aplaudo a mi líder y procuro hacer ruidos y molestar al orador contrario cuando nos critica.
-        Levantamos la mano para votar, todos a una, cuando el portavoz nos da una seña. O votamos de forma electrónica de acuerdo a la seña del portavoz. Sin equivocarme aunque a veces no sé qué estoy votando.
-        Todo lo que proponga el contrario es malo y hay que oponerse, aunque después me convenga utilizarlo. Ya veré como lo justifico.
-         Mientras hablan el opositor juego al pokemon,  respondo mi correo o whatsApp con el móvil.
-        Aprovecho al máximo todas las prebendas económicas que el congreso ofrece: gastos de representación, viajes en avión, apoyos a vivienda, dietas, comisiones y permisos para atender mi trabajo privado que me ocupa gran parte de mi tiempo.

El cambio más profundo sería poder ver un acuerdo donde lo principal no sea lo que obtengo por mis votos, que no sea “que me das para que te vote ese proyecto de ley”  Hay que eliminar los mercaderes del templo, a latigazos si es necesario. Quisiera ver:

- Un diputado aplaudir a una intervención de otro diputado de un partido contrario
- Quisiera oír a un diputado decir que está de acuerdo con un planteamiento de un opositor
- Quisiera ver a diputados de un partido votando distintas alternativas sin ser traidor o tránsfuga.
- Quisiera que el Senador o diputado de mi comunidad me represente a mí y no a su partido.

Cada uno de ellos representa a una comunidad que puede beneficiarse o no dependiendo de la propuesta y no tiene que ser siempre solo lo que beneficia al partido.

Parece que sigo soñando con un mundo al revés como el lobito bueno de Goytisolo, una bruja hermosa y un pirata honrado. Podría añadir un político honesto y un gobierno demócrata… pero como diría Segismundo o Calderón  “que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”


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