“Como
a menudo acontece en España, en cuanto a alguien se lo elige o nombra algo, se
inviste de autoritarismo. Es el legado silencioso franquista”
Para
explicar esta sentencia Marías expone los ejemplos de alcaldes y alcaldesas
como Carmena, Botella, Gallardón, que revestidos del cargo se sienten omnipotentes
para realizar sus caprichos y ocurrencias donde demuestran su capacidad
ilimitada de causar estropicios en las ciudades donde gobiernan.
También
destaca lo hecho por el nuevo presidente de la federación española de futbol,
el chulo Rubiales que ofendido arremete en su rabieta contra el seleccionador y
lo destituye dos días antes de iniciar el mundial en Rusia. Porque lo que
importa es que aquí mando yo. Y según Javier Marías “ese es el máximo legado
silencioso franquista la verdadera pervivencia del dictador”
Yo quisiera
añadir un corolario a esta sentencia, este legado a veces se torna contagioso y
cuando un partido logra mayoría absoluta en el congreso esta actitud se riega
como la peste a todos sus correligionarios.
También es
parte de la herencia franquista no dimitir, no renunciar, no aceptar haberse
equivocado, no pedir disculpas. Es parte de la misma actitud prepotente frente
al prójimo. Es parte de ese comentario popular que viene cargado de admiración
hacia el sujeto que lo ejecuta cuándo se dice que lo hace “como Dios Manda” es lo
más cercano a sentirnos como dios. Es la exaltación del uso del poder. Es lo
que llena el espíritu de un político que por fin alcanza el sitial deseado, el cargo,
su bastón de mando y ahora se van a enterar. Y aquí empezamos a conocer a
Pepito…
Una copla
llanera en Venezuela le canta a la misma aberración del mandar y dice así:
En el llano
mi caballo
Arriba de mi
caballo yo
Arriba de yo
mi sombrero.
Puede que se elimine el mausoleo franquista del Valle de Los
Caídos, pero su repercusión en la actitud de mando nos llevará mucho tiempo erradicarla.
Algún día los políticos recibirán una cura de humildad y aprenderán que
significa aquello de: “Vocación de servicio”
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