sábado, 13 de julio de 2019

Que jodido es rectificar


Se dice por ahí: Hay que tener cierta pasta para rectificar. No todos la tienen.
Rectificar implica muchas veces reconocer el error, es parte de un proceso natural y racional: Veamos algún modelo teórico que pueda ayudarnos: el Ciclo D-P-A-E.  Hacemos un diagnóstico de la situación (D), planificamos una solución (P), tomamos una decisión y la llevamos a cabo a través de una acción (A), y momentos después  evaluamos los resultados (E) que en el fondo es un nuevo diagnóstico.
Al evaluar tenemos dos posibilidades: ha sido un éxito, en ese caso continuamos con las medidas previstas en lo planificado; o nos damos cuenta que no se logra lo buscado en la planificación, eso implica que debemos rectificar para eso hacemos un nuevo diagnóstico, y reiniciamos el proceso.
Pero lo que vemos en la política es distinto. No hay político que rectifique, ni dimite, ni se excusa, ni pide perdón, nada de nada. Siempre huyendo hacia adelante. Prefieren disimular, encubrir, ocultar, hacerse el loco o el sueco, justifican sus acciones, relativizan el hecho, lo llaman echar balones fuera, y si pueden le echan la culpa al otro, al contrario, o al cuñado.
En el medio católico se llaman pecados y se habla del sacramento de la confesión, siempre será difícil. Implica un examen de conciencia, propósito de enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia. Y aunque la mayoría de nuestros políticos o por lo menos la mitad dice ser católico, parece que esta costumbre solo se usa de la iglesia para dentro. ¡Que lastima!
Lo peor es que esta tradición de no rectificar produce muchos daños dentro de la organización, porque a veces es tan obvio que todos los analistas y contertulios lo comentan, todos los canales de tv y todas las radios lo han repetido… Las encuestas reflejan la pérdida de votos. Pero no todos manejan la culpa igual, a unos les rebota, otros se la sudan como se dice vulgarmente, unos pocos lo sienten y quieren rectificar, otros no entienden que pasa, y esas diferencias siempre generan grietas internas. Algunas grietas grandes terminan con dimisiones de militantes, renuncias de directivos, enfrentamientos entre sectores, que conllevan expulsiones por la crudeza y violencia de las discusiones y a veces termina en cisma del partido.
Pero un partido fuerte y bien organizado para evitar daños mayores declara que lo importante es la disciplina de partido. ¡Todos a callar! Y ahí perdieron todos y perdió la democracia.  ¡Que lastima!
Los que callan, los que obedecen comentan entre ellos: Los que se fueron es porque se lo buscaron. Se empeñaron en rectificar. No aceptaban la disciplina del partido. No se callaron. Se necesita “otra pasta” para sobrevivir.
De nuevo: ¡Que lastima!

viernes, 12 de julio de 2019

El objetivo central de la política: Mejorar la vida de las personas.

Debería ser uno de los objetivos de todos los partidos, de todos los políticos. Aunque también entiendo que cada partido interpreta “lo de mejorar” de forma distinta. Por ejemplo: Ayudas sociales versus fomento al empresario que ayudará a la larga a ofrecer trabajo y a través de este recibirán un sueldo, lo que otros quieren darle como ayuda. Ahí nos atrincheramos en los extremos y nos guindamos, peleamos, discutimos, insultamos, nos aislamos, nos declaran tóxicos e impuros y al final se jodió el paisano que sigue esperando o la ayuda o la oferta digna de trabajo. Se jodió el de siempre.

Por eso la política implica la capacidad de dialogar, negociar, conversar y llegar a acuerdo, aunque sepamos y podamos demostrar desde nuestro punto de vista, que la decisión tomada no es la mejor, pero como “lo perfecto es enemigo de lo bueno” hay que ceder y quedarnos con lo mejor posible del momento, saber que no ha terminado, el proceso continua, hay que seguir buscando mejoras y desarrollar estrategias y procedimientos que me permitan continuar el esfuerzo de mejorar la vida de todas las personas.

Me detengo aquí para recalcar tres aspectos importantes de lo dicho anteriormente. Mejorar la vida de todos. Ojo, no solo de los que piensan como yo, no solo de los que quieren la independencia en Cataluña, no solo de los que votan a las derechas o a las izquierdas. PARA TODOS.

Y el segundo aspecto es que si quiero llegar a acuerdos, en el camino no puedo quemar las naves, no puedo radicalizar mi discurso, no puedo insultar y ofender porque pongo muy difícil la convivencia y el ambiente de armonía para decidir juntos. Las formas son importantes. La primera norma es NO OFENDER.

El tercer aspecto es una característica muy española: “Al enemigo ni agua” y esto habrá que erradicarlo. No son enemigos son representantes electos, legítimos que representan a un sector de la población con los mismos derechos que nosotros. “Mis derechos terminan donde empiezan los tuyos”

Por favor los que no lo sepan hacer o no lo quieran intentar deberán salir de la política y dedicarse a otra cosa. Se lo agradeceremos mucho. 

Les recuerdo el comienzo. Objetivo: Mejorar la vida de las personas.

lunes, 1 de julio de 2019

Atreverse a ser independiente


Uno de estos días se publicó en El País un artículo de riam Martínez-Bascuñán titulado “Atreverse” donde se menciona lo difícil que resulta en nuestra época tener independencia en política, o siendo político. Parece que la disciplina de partido es lo más importante, obedecer ciegamente a la dirección del partido es primordial y obligatorio.
Ocurre en todos los partidos, en unos más fuertemente que en otros, estamos acostumbrados a ver barones socialistas declarando sobre aspectos que contradicen a su secretario general, En Podemos son retirados o dimitidos del partido recordando las purgas de Stalin, casi de inmediato, es una forma de suicidarse aunque seas cofundador del partido. En el PP son calificados como versos sueltos y la historia y la hemeroteca certifican que te pasaran la factura en cualquier momento y hay una lista de aislados, desprotegidos y caídos en desgracia por contradecir al secretario general del partido. No es inmediata pero si muy segura. Y ahora Ciudadanos que no tenía esta tradición, en cuanto ha crecido un poco ya le ha llegado el virus antidemocrático. Y tiene los tres primeros especímenes, Uno que lo expulsan del partido, uno que se va y vuelven a su actividad profesional y otros que se quedan, casi pidiendo disculpas, o diciendo a luchar desde dentro. Veremos cuanto tiempo aguantan en la lucha, o cuánto tiempo los soporta el partido.
El artículo de Martinez-Bascuñan nos habla también de los peligros del dogmatismo, ya que sin la duda individual no hay espacios para nuevos dilemas políticos. Si todos están de acuerdo con el líder, parece que pueden sobrar todos. Los buenos líderes se rodean de gente con criterio más amplios que los propios, promueven las disidencias, es la manera de ampliar los horizontes, ver nuevas alternativas, ver todos los escenarios futuros, promueve decisiones sabias y tolerantes. Y las disidencias fertilizan la democracia, ya que se combate el miedo a participar, miedo a disentir, se promueve y se construye sobre las diferencias.
Esto ayuda al líder a evitar dos extremos: los comportamientos de adolescente caprichoso y las posiciones de vieja dogmática. Esto también ayuda a la democracia parlamentaria, ya que los diputados representan a españoles que los votaron, todos los partidos representados son legales, no son impuros. Todos los políticos están obligados a compartir con ellos los escaños del congreso, escuchar sus planteamientos, tratar de entenderlos, discutirlos, apoyarlos o argumentar en contra y decidir individual y colectivamente por el bien de España y de todos sus ciudadanos. Y poder escoger lo mejor de lo posible.
La responsabilidad es individual, de cada diputado o senador, no se pueden esconder detrás del partido y excusarse diciendo yo sigo las órdenes del portavoz en el congreso y levantar la mano aun no estando de acuerdo.
Nos cuesta trabajo cambiar. Y es lo que promueve el bloqueo del país. Puede que sean reminiscencias del franquismo, estamos acostumbrados a obedecer y callar.


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