Estos últimos meses muchas veces nos hemos preguntado ¿Qué está pasando?, ¿el mundo se está volviendo loco? Tengo un amigo inteligente que dice barbaridades convencido de que son verdad. Otro cuenta conspiraciones apocalípticas, un tercero maldice al papa. Otro me acusó de comunista porque se me ocurrió disentir, otros niegan alguna realidad científica. Encuentro muchos indignados contra algo, persona o institución. Es como un virus que se contagia.
Hace meses o quizás desde hace unos años viene creciendo ese
ambiente malsano, un ambiente de odio y de rabia contra los políticos, contra
el gobierno de turno, contra los extranjeros, emigrantes, refugiados, sudacas, árabes,
musulmanes, homosexuales o cualquier vecino o prójimo diferente. Hay un clima
de conflicto creciente y cada vez la gente encuentra más motivos para estar
indignado.
Pero muchos no identifican los orígenes de la indignación. Todos
los días leen y ven videos en las redes (y las comparten con los amigos) que en
su mayoría son noticias falsas, son mentiras o exageraciones sacadas de
contexto contra alguien particular o sobre gobiernos, presidentes o candidatos
y las creemos como ciertas. Y las compartimos para que conozcan la verdad, “esa
verdad”
Cada uno de nosotros principalmente ve y lee aquello que previamente
cree verdadero, basado en nuestros prejuicios, nuestra verdad. Las mentiras que leemos aumentan nuestro
disgusto y nos vamos llenando de rabia y de odio hacia aquello que consideramos
la causa de nuestra indignación. Esa noticia confirma lo que yo ya pensaba o creía.
Encontramos la televisión que trasmite sucesos violentos, crímenes
pasionales, cuando buscas noticieros encuentras a políticos insultándose y difamándose
entre ellos. Lees la prensa y también hay reclamos, denuncias, críticas y
peticiones de dimisión a diestra y siniestra. Las redes sociales repartiendo
por el mundo mentiras, noticias falsas, rumores, y fake news que tienen un
origen en grupos que buscan desestabilizar al sistema a, a la unión europea, o al
mundo occidental. Y todos nosotros como ingenuos borregos compartimos con los
amigos y conocidos y ayudamos a convertir la mentira en una verdad por el
simple hecho de que lo conocen millones de personas en un minuto.
Ves las secciones internacionales y lo mismo pero a escala
mundial, los chinos son malos, el gordo norcoreano quiere acabar con el mundo, los
rusos una mierda, Polonia, Hungría y Austria son los europeos xenófobos por
excelencia, los turcos y Erdogán su dictador unos salvajes, hay guerra en
Armenia, desastre en el Líbano, El catire Loco y el Brexit están en el reino
unido, Bolsonaro acabando con la selva amazónica y no hablemos de los árabes sauditas
que llegan a nivel de degenerados y asesinos. El filipino un asesino de narcos,
el mejicano que quiere disculpas del rey español por la conquista, los narcos
de Suramérica invadiendo al mundo con sus drogas, los demócratas ahora son
comunistas, y el Trump. ¡Ay Trump! Ese se ganó el premio mayor, el más bestia
de todos los presidentes posibles. Sin contar a Maduro por supuesto. Todos y
cada uno de nosotros como pirómanos regando gasolina sobre el incendio de la indignación
colectiva.
Un analista decía que esto se debe al caldo de cultivo en el
que vive la sociedad desde hace años, con una crisis permanente, desempleo,
aumentando la pobreza y creciendo la desigualdad, pandemia, incertidumbre, todos
los días se denuncias problemas y todos los días los políticos prometen
resolverlos y no ocurre nada, la burocracia es lenta, el gobierno es ineficaz y
no hace nada, pasan los días, las semanas, el problema sigue y sigue sin
resolverse.
El miedo aumenta, miedo a perder el trabajo, a perder la
salud, a perder el sustento para los hijos, aumentan también las injusticias,
las desigualdades y las ayudas prometidas no llegan, pero la pobreza y el
hambre sí. Dentro de la persona algo estalla, algo se rompe y reaccionan buscando
culpables y a partir de ese momento es un energúmeno indignado más.
O desesperado busca un superhéroe, al policía o dictador necesario,
a Robin Hood, o a Tamacún (el vengador errante de la radio en los años 50) pero
lo que encuentra, lo que resuena con ellos es el político populista, el ultra
que pregona la rabia y el odio contra el sistema, o contra el gobierno, contra
los inmigrantes, contra los musulmanes, contra cualquier cosa que pueda resonar
con mis prejuicios, mis emociones, mi irracionalidad, mi rabia, mis miedos. Y al
encontrar esa resonancia, desde ese momento, soy un energúmeno que ataca a esa
persona o a ese colectivo que identifiqué como culpable. Puede ser contra los
demócratas que ahora son comunistas, o contra Sánchez porque dice mentiras y
nos engaña. O contra el Papa que es socialista o contra los homosexuales y los
inmigrantes que nos invaden.
Y todavía nos preguntamos ¿Qué está pasando? Lo que tenemos
que preguntarnos es que pasará si seguimos así.