lunes, 31 de octubre de 2011

De paciente a Cliente

Era la primera vez que iba al dentista en Asturias y aunque ya tenía una experiencia muy larga en estos menesteres me sentía nervioso. Había pedido una cita para reparar una amalgama caída que realmente me incomodaba cada vez que comía dejándome algún residuo de comida entre las muelas.
Me había indicado la chica de la recepción que llegara temprano si no quería esperar mucho y me dio cita a las diez de la mañana de un martes próximo. Con esa explicación y sabiendo que me molesta que me hagan esperar en la consulta de un medico, me presente a las nueve y media. Fui el primero en llegar, la chica muy amablemente me dijo que me sentara en la sala de espera, prevenido como siempre me llevé un libro que estaba muy interesante y faltaba poco para terminarlo, y así me distraje leyendo, solo interrumpido por los buenos días de algún otro paciente también citado a la misma hora. En un determinado momento que vi el reloj eran las diez y cinco minutos y éramos siete en la sala de espera. Tratando de no cabrearme seguí leyendo, pero pensando que era un error citar a tanta gente a la misma hora, me harían esperar a mí, o tendrían ellos que esperar varias horas para ser atendidos; si era solo un dentista que atendía a tantos pacientes.
Me decidí a preguntar en la primera oportunidad cuantos dentistas atendían a los pacientes. Pero la duda que realmente me asaltaba era si me llamarían de primero, por orden de llegada o por otros criterios. En eso estaba, leyendo y no leyendo por los pensamientos que se me atravesaban y no me dejaban leer, cuando de repente se abrió la puerta y una chica morena en bata blanca dijo Gregorio, Michael, Laura y Maritza síganme.
Nos levantamos cuatro personas y la seguimos por un pasillo, ella al llegar al fondo empezó a repartirnos en cuatro puertas distintas y me dijo: “Tu, mi amor, en esta sala”, abrió una puerta a mi izquierda y me introdujo en un habitación que tenía una silla odontológica y su instrumental correspondiente, al cabo de unos segundos se asomó de nuevo en la puerta y me dijo:
-        “siéntate mi vida, por favor” y volvió a salir.

La silla miraba a la pared de espalda a la puerta. Volvió unos minutos después y me puso un babero,  me volvió a decir algo que incluía “mi amor” y se volvió a ir. Yo trataba de quedarme quieto y tranquilo viendo al techo, a las paredes llenas de diplomas médicos y el instrumental de torturas que estaba al lado de la silla donde estaba sentado, que tenía jeringas, taladros y brocas de todos los tamaños. En ese momento entró alguien y una voz de hombre me habló desde atrás y me pregunto: ¿Qué lo trae por aquí?, dio la vuelta y se sentó en un taburete al lado de mi silla, era un paisano de bata verde con lentes, le expliqué que era una amalgama, esas modernas, de resinas, que se me había caído.
-       ¿Le duele?
-       No, solo que se llena de residuos de comida y es una molestia.
-       Bueno, vamos a ver y me abrió la boca mientras simultáneamente mi silla se reclinaba hasta quedar prácticamente acostado a su lado.

Después de revisar un poco tomo una jeringa y me dijo:
-       Abra la boca y me inyectó, muy suavemente, realmente no lo sentí, o quizás también fue porque en ese momento entró de nuevo la chica morena guapa, que esta vez no me dijo nada, pero recibió instrucciones del paisano de verde mientras me inyectaba.

Se fueron los dos y me dejaron esperando unos, quizás diez minutos o más, realmente no vi el reloj, pero se me hizo eterno esperando a la chica guapa o al paisano de verde, repasé todos los cuadros y diplomas, cambié de posición los pies varias veces, me quité y me puse los lentes otras tantas veces, sentía que se me dormía la lengua y una mejilla, ya no sentía el hueco en el diente. Al cabo de varios minutos entró el paisano de verde y dijo:
-       Bueno, acomodemos esta amalgama
Entró la guapa morena y entre los dos empezaron a manipularme la boca, con un taladro el paisano y con un succionador ella. Yo con la boca abierta, a veces con la mano del paisano en mi nariz o la de la morena guapa en mi boca, no podía ver lo que pasaba y tragaba con cuidado de vez en cuando. Entró una persona a preguntarle al paisano algo relacionado con papeleo administrativo mientras el mantenía su mano en mi boca y la chica el succionador. Al cabo de un tiempo resolvieron el problema y el de la bata verde, sin sacar la mano de mi boca continuó con su trabajo. El paisano por fin soltó el taladro, cogió algo mas, como una brochita, luego una inyectadora o un instrumento similar que no pude distinguir, la chica además del succionador tenía algo parecido a una pistola extraña y entre los dos siguieron unos minutos haciendo cosas en mi boca hasta que ella soltando la pistola y mi boca y el soltando las pinzas y mi nariz me dijo:
-       Muerda suavemente
-       Mordí y espere.
Volvió con el taladro y ella con el succionador y de nuevo muerda suave.
Y vuelta al taladro y vuelta a morder y después de varias veces me dijo:
-       ¿Ahora qué tal? ¿Cómo lo siente?
-       Yo le dije bien.
Y mi silla inmediatamente se empezó a enderezar, separaron el instrumental de tortura, sin darme cuenta la chica me quitó el babero y el paisano me dijo:
-        bueno ya está listo le recomiendo una revisión anual.
Me dio la mano y se fue.
La morena guapa después de decirme mi amor me hizo seguirla a la recepción donde habló con la recepcionista, se volteó me dijo hasta luego mi vida o mi amor, ya no estoy seguro y se fue por el pasillo a atender a otro de sus amores.
La chica de la recepción me cobró 55 euros y me preguntó si quería una factura.
En la calle con el frio matutino y con la boca dormida mi fui soñando con la morena guapa a mi casa.
Pero realmente había sido un cliente más que un paciente.

Estado de alarma (huelga de controladores)

Rompieron la olla   (Diciembre de 2010)
Estamos en estado de alarma decretado por el gobierno para combatir una situación provocada por el abandono de los puestos de trabajo de la mayoría de los controladores aéreos en vísperas del puente de la constitución, dejando en tierra con el caos consecuente a decenas de miles de viajeros y causando males económicos de millones de euros a muchos sectores de la población. Y nos piden que opinemos sobre esto… (al resumir de esta forma ya estoy tomando posición)
Cuando algo nos atañe directamente y nos causa molestias es difícil hablar del problema sin apasionamiento, sin incorporar emociones a nuestro lenguaje. Si esos días estaba en un aeropuerto o un familiar estuvo desaparecido, perdido en la vorágine de un aeropuerto sin controladores pues es fácil que tome posición llamando hijos de puta a cualquier funcionario que trabaje cerca de la torre de control de cualquier aeropuerto. Si soy sindicalista o familiar de algún controlador será difícil entender por qué tanta agresividad o injusticia y por qué el gobierno toma esas medidas tan drásticas. Y estas son las dos caras de la moneda. Pero opinar sin apasionamiento no sirve, nadie lo  leerá.
Nos gusta ponerle sazón y picante a la vida. Así que echándole mucha guindilla, chile mexicano y el ají chirel venezolano quiero decirles que a esos controladores hay que guindarlos por los pulgares (la censura) y darle latigazos hasta que confiesen como en las mejores épocas de la inquisición. Y a los gerentes de AENA hay que hervirlos en aceite caliente, rociarlos de brea y llenarlos de plumas y soltarlos en la plaza mayor para su escarnio por ser tan incompetentes como gerentes de un grupo humano.
Porque el primero o uno de los primeros principios de la democracia indica que: “mis derechos terminan donde empiezan los derechos de los demás y no se puede permitir que un grupo para conseguir sus objetivos haga papilla del prójimo. Lo mío es lo importante, los demás que se jodan. Y esto pasa con los piquetes de sindicalistas en las huelgas generales, o pasa cuando un grupo de alumnos se declaran en huelga y no dejan entrar a la universidad a los alumnos que quieren tener clases.
Esto es una demostración típica de nuestra condición humana. El ser humano es todo un especialista jodiendo al prójimo. En Venezuela hay un dicho popular que describe esta actitud y dice así:
O me das del sancocho o rompemos la olla.
Y creo que en este caso los controladores rompieron la olla
(Nota: sancocho: amér. Cocido a base de carne, yuca, banano y otros ingredientes)                           dic 2010

sábado, 29 de octubre de 2011

¿Somos Demócratas?

                                                                                                                         16 diciembre de 2010
Por supuesto pido disculpas de antemano por que esta es la opinión de un Sudaka irreverente que aunque ha vivido muchos años, todavía se rebela cuando ve alguna cosa por la cual merezca ser de nuevo un quijote o un Sancho Panza.
Nunca pensé que fuera tan difícil ser demócrata. Además pensaba que España que ya lleva 35 años de gobiernos democráticos, (monarquía parlamentaria) y treinta y tantos con una constitución sería un país donde la democracia es entendida y vivida por todos o por la mayoría (siempre deben o pueden haber disidentes, por eso es democracia).
Desde la visión de un recién llegado, un emigrante que huye de una dictadura latinoamericana, pero que vivió los últimos 40 años en una democracia, imperfecta pero democracia, y analizándola desde fuera, siento que media España por lo menos no es demócrata, ni le gusta este sistema. No es una  simple disidencia de un grupo pequeño, es como la mitad de la población. Pongamos algunos ejemplos para explicarme:
Cuando aplaudimos a nuestros partidarios y abucheamos e insultamos a los contrarios no parecemos demócratas, me refiero a cualquier sesión del congreso donde asiste un alto funcionario del gobierno. En promedio la mitad de los representantes electos abuchea, la otra mitad aplaude.
Cuando repetimos una mentira mil veces hasta hacer que la mayoría crea que es verdad, nos parecemos mas al régimen nazi que a un régimen democrático. Los políticos dicen falsedades, disfrazadas de opiniones personales, sin ningún reparo ni vergüenza, sabiendo que el problema es para el adversario que deberá demostrar su inocencia.
En los medios impresos o audiovisuales, en la prensa, en los titulares que enfocan la noticia torciéndola para que favorezca a un grupo o una tendencia. Cada periódico la tuerce hacia el lado que le conviene. Lo vemos en los programas de radio y televisión donde los tertulianos inventan como si fuera un programa del corazón, sin ninguna preocupación. Donde un locutor de la COPE, emisora de la iglesia, recibe decenas de demandas por injuria sin que ocurra nada.
Tampoco promovemos la democracia cuando todos los días en la prensa aparecen denuncias de los voceros de los partidos de la oposición cuestionando lo hecho o dicho por el gobierno el día anterior, y en sus argumentos no se especifica cuál debería ser la solución. Nada. No se dice nada sobre otra forma de hacerlo o como podría tomarse otra medida. Solo atacando lo dicho por el adversario.
Hasta la iglesia participa, cuando un cardenal, un obispo o cualquier representante de la jerarquía eclesiástica intervienen en política calificando a los de un bando de diabólicos o satánicos…en pleno siglo XXI.
Para terminar les recuerdo la famosa frase, creo de Voltaire, que parece no ser conocida o se ha olvidado del ideario democrático básico, que describe un principio de la democracia:
“no estoy de acuerdo con lo que dices, pero daría mi vida por defender tu derecho a expresarla”

viernes, 28 de octubre de 2011

Dialéctica inútil y contraproducente

Ayer presencie por tercera vez una sesión de control al gobierno en el congreso de diputados. Pensando que no podían ser todas iguales, las dos últimas que había visto, una hace un año y medio y otra hace tres meses. Fueron fruto de la casualidad, se parecían tanto, debía haber pasado algo especial que hizo que los disputados de la oposición actuaran igual en ambas, de esa forma tan especial, tan contraproducente, tan…Bueno, no le pongamos adjetivos todavía. Déjenme un momento para tratar de explicarles lo que siente una persona común y corriente, pero que ya no se chupa el dedo dada su edad, dada sus vivencias en el mundo político y la cantidad de tiempo que ha pasado observando a los seres humanos, aunque en otras latitudes, pero seres humanos al fin y al cabo.
Al iniciarse el debate la primera persona que se levanta y habla recibe rápidamente los aplausos de sus copartidarios y la sensación que queda es que entra un boxeador en el ring y sus fans lo aplauden. Al terminar de hablar el primer político connotado la cosa se convierte en una pelea de perros. El que se levanta ahora a responder actúa como si acabaran de soltar a un perro Mastín o Dóberman entrenado para atacar. Y así mismo cumple su misión, eso sí guardando el decoro que corresponde a la dignidad de la sala donde se encuentran.
¡Su señoría, Usted es una mierda! ¡Su señoría usted es un mentiroso!, Su señoría Usted es … Su señoría usted … Su señoría usted…
Y así, va rebajando la dignidad de su señoría hasta dejarla por los suelos. Pero después le toca el turno a su señoría y esta arremete contra el perro amaestrado demostrando o tratando de demostrar que el diputado en cuestión es un simple mastín baboso enviado por sus señores feudales o los barones del partido de la oposición a atacar sin entender lo que dice, ni entender la realidad de lo que ocurre.
Y de nuevo el mismo perro u otro perro de refresco atacan. De nuevo latigazos van y latigazos vienen. Y todo se convierte en un ejercicio de dialéctica y una prueba a ver quién tiene más inventiva, más habilidad para improvisar insultos elegantes o frases lapidarías que atestigüen quien es el ganador del debate.
Al salir todos sonríen y dan declaraciones a la prensa de lo buenos y hábiles que son, de nuestra victoria parlamentaria y de los mal que ha quedado el otro bando con su estrategia o su falta de estrategia o su ignorancia de la realidad del país.
Ninguno de ellos se pregunta: ¿Qué pensará el televidente? ¿Qué pensará el ciudadano de a pie, que los ve es esta pugna inútil y degradante? Porque eso es. Degradante de la condición humana y degradante del público y del ciudadano común y corriente.
Piensan que nosotros, los ciudadanos somos idiotas, que lo único que queremos es pan y circo. Para algunos los programas del corazón, para los otros el circo político.
Gilipolla será tu abuela. 

Venezuela 2026

  VENEZUELA enero 2026                                                                            8   de Enero de 2026 He estado esperando...