lunes, 31 de octubre de 2011

Estado de alarma (huelga de controladores)

Rompieron la olla   (Diciembre de 2010)
Estamos en estado de alarma decretado por el gobierno para combatir una situación provocada por el abandono de los puestos de trabajo de la mayoría de los controladores aéreos en vísperas del puente de la constitución, dejando en tierra con el caos consecuente a decenas de miles de viajeros y causando males económicos de millones de euros a muchos sectores de la población. Y nos piden que opinemos sobre esto… (al resumir de esta forma ya estoy tomando posición)
Cuando algo nos atañe directamente y nos causa molestias es difícil hablar del problema sin apasionamiento, sin incorporar emociones a nuestro lenguaje. Si esos días estaba en un aeropuerto o un familiar estuvo desaparecido, perdido en la vorágine de un aeropuerto sin controladores pues es fácil que tome posición llamando hijos de puta a cualquier funcionario que trabaje cerca de la torre de control de cualquier aeropuerto. Si soy sindicalista o familiar de algún controlador será difícil entender por qué tanta agresividad o injusticia y por qué el gobierno toma esas medidas tan drásticas. Y estas son las dos caras de la moneda. Pero opinar sin apasionamiento no sirve, nadie lo  leerá.
Nos gusta ponerle sazón y picante a la vida. Así que echándole mucha guindilla, chile mexicano y el ají chirel venezolano quiero decirles que a esos controladores hay que guindarlos por los pulgares (la censura) y darle latigazos hasta que confiesen como en las mejores épocas de la inquisición. Y a los gerentes de AENA hay que hervirlos en aceite caliente, rociarlos de brea y llenarlos de plumas y soltarlos en la plaza mayor para su escarnio por ser tan incompetentes como gerentes de un grupo humano.
Porque el primero o uno de los primeros principios de la democracia indica que: “mis derechos terminan donde empiezan los derechos de los demás y no se puede permitir que un grupo para conseguir sus objetivos haga papilla del prójimo. Lo mío es lo importante, los demás que se jodan. Y esto pasa con los piquetes de sindicalistas en las huelgas generales, o pasa cuando un grupo de alumnos se declaran en huelga y no dejan entrar a la universidad a los alumnos que quieren tener clases.
Esto es una demostración típica de nuestra condición humana. El ser humano es todo un especialista jodiendo al prójimo. En Venezuela hay un dicho popular que describe esta actitud y dice así:
O me das del sancocho o rompemos la olla.
Y creo que en este caso los controladores rompieron la olla
(Nota: sancocho: amér. Cocido a base de carne, yuca, banano y otros ingredientes)                           dic 2010

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