16 diciembre de 2010
Por supuesto pido disculpas de antemano por que esta es la opinión de un Sudaka irreverente que aunque ha vivido muchos años, todavía se rebela cuando ve alguna cosa por la cual merezca ser de nuevo un quijote o un Sancho Panza.
Nunca pensé que fuera tan difícil ser demócrata. Además pensaba que España que ya lleva 35 años de gobiernos democráticos, (monarquía parlamentaria) y treinta y tantos con una constitución sería un país donde la democracia es entendida y vivida por todos o por la mayoría (siempre deben o pueden haber disidentes, por eso es democracia).
Desde la visión de un recién llegado, un emigrante que huye de una dictadura latinoamericana, pero que vivió los últimos 40 años en una democracia, imperfecta pero democracia, y analizándola desde fuera, siento que media España por lo menos no es demócrata, ni le gusta este sistema. No es una simple disidencia de un grupo pequeño, es como la mitad de la población. Pongamos algunos ejemplos para explicarme:
Cuando aplaudimos a nuestros partidarios y abucheamos e insultamos a los contrarios no parecemos demócratas, me refiero a cualquier sesión del congreso donde asiste un alto funcionario del gobierno. En promedio la mitad de los representantes electos abuchea, la otra mitad aplaude.
Cuando repetimos una mentira mil veces hasta hacer que la mayoría crea que es verdad, nos parecemos mas al régimen nazi que a un régimen democrático. Los políticos dicen falsedades, disfrazadas de opiniones personales, sin ningún reparo ni vergüenza, sabiendo que el problema es para el adversario que deberá demostrar su inocencia.
En los medios impresos o audiovisuales, en la prensa, en los titulares que enfocan la noticia torciéndola para que favorezca a un grupo o una tendencia. Cada periódico la tuerce hacia el lado que le conviene. Lo vemos en los programas de radio y televisión donde los tertulianos inventan como si fuera un programa del corazón, sin ninguna preocupación. Donde un locutor de la COPE, emisora de la iglesia, recibe decenas de demandas por injuria sin que ocurra nada.
Tampoco promovemos la democracia cuando todos los días en la prensa aparecen denuncias de los voceros de los partidos de la oposición cuestionando lo hecho o dicho por el gobierno el día anterior, y en sus argumentos no se especifica cuál debería ser la solución. Nada. No se dice nada sobre otra forma de hacerlo o como podría tomarse otra medida. Solo atacando lo dicho por el adversario.
Hasta la iglesia participa, cuando un cardenal, un obispo o cualquier representante de la jerarquía eclesiástica intervienen en política calificando a los de un bando de diabólicos o satánicos…en pleno siglo XXI.
Para terminar les recuerdo la famosa frase, creo de Voltaire, que parece no ser conocida o se ha olvidado del ideario democrático básico, que describe un principio de la democracia:
“no estoy de acuerdo con lo que dices, pero daría mi vida por defender tu derecho a expresarla”
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