sábado, 7 de julio de 2012

La avaricia rompe el saco


La crisis está llevando a la ruina a miles de pequeños comerciantes que cifraron su futuro en un pequeño negocio de venta de bienes materiales, ropa, zapatos, complementos, sombreros, corbatas, para niños, para señoras, para caballeros, todo ese conjunto de cosas que usamos los seres humanos. Pensando que mientras existan personas compraran estos objetos que se han hecho necesarios para el ser humano.
Sí, así funciona la sociedad occidental, somos consumistas, compramos y compramos llevados, impulsados por la publicidad, piedra filosofal de los libres mercados que son la fuente de nuestro confort y nuestro bienestar. Somos lo que compramos, somos lo que poseemos. Si no tienes el último smartfone no estás en nada. El nuevo Ipad, el nuevo Kindle, La tele de 3D, el coche hibrido. Si no tienes el último equipo promocionado por el dios de la publicidad no estás en nada. Si no has comido en los restaurantes recién ganadores de las estrellas Michelin, ¡ahí, pobre de ti! Si no tienes un modelito del modisto Garrufio, o cita con el peluquero Eugenio, o una pañoleta por lo menos de la marca preferida por el jet set, etc. Si no has asistido a la función benéfica de la ONG con mayúscula que organiza todos los años la kermés de moda, como dicen en Pamplona al acabar las fiestas de San Fermín. POBRE DE TI.
El poder corrompe, eso lo oímos decir y entendemos que es cierto, la avaricia rompe el saco, también lo hemos oído, se ha dicho por ahí, quizás lo dijo la abuela en una reunión familiar pero lo dijo hace muchos años y ya no recuerdo el contexto en que lo decía. Creo que se refería a otro, a los otros, no a mi, ni a mi familia, nosotros somos buenos cristianos y respetuosos de la ley.
Pero la ostentación, el aparentar lo que no somos, el querer subir dentro de las escalas sociales tratar de emparejarnos con los poderosos, los guapos, los que salen en el Hola, los que… los que admiramos o mejor dicho aquellos que la publicidad promociona para que los hijos de vecinos, los paisanos admiremos e imitemos en su vestir, en su andar en su poses, en su mundo falso y ostentoso. Y de paso consumimos todos esos productos que venden en los comercios de las grandes superficies, esos pequeños negocios que están cerrando, las franquicias de nuestra clase media que se hunde con la crisis.
Hemos vivido bien, hemos simulado ser lo que no somos, hemos vivido en un mundo irreal que no era nuestro, que nos vendieron como necesario, que nos engañaron para que compráramos algo que no necesitábamos, una irrealidad que ya se cae por su propio peso. Ya no tenemos como mantener esa ilusión de ricos, de nuevos ricos. Debemos volver a la realidad. A nuestro consumismo, al consumismo que si era nuestro, muy propio de nosotros. Con-su-mismo zapato, con su mismo pantalón, con su mismo coche diez años más, vacunados con nuestra vida sencilla más independiente donde el cáncer de la publicidad no nos alcance.


Mentiras permitidas


Como empezar a arreglar el mundo
Nos hablan en la prensa y en los debates políticos sobre la reforma del capitalismo, el mundo necesita reformar al capitalismo si quiere sobrevivir, los mercados no pueden ser los que se regulen solos, necesitamos refundar al capitalismo. Reinventar al capitalismo.
Todas estas frases y todos estos buenos deseos quedan en la nada desde hace unos años, los capitalistas no saben cómo reformarlo, o no quieren reformarlo.
Tratar de reformar el todo no es la forma de hacerlo. Hay que cambiar las bases del todo una a una, quizás algunas simultáneamente para ser más efectivos, pero hay que atacar las bases, como se decía antes de no atacar las consecuencias del problema, ni atacar al problema, hay que atacar a las CAUSAS del problema.
Las causas y/o las bases en que se fundamenta el capitalismo no las conozco todas pero si identifico una en particular que creo puede ser una de las cosas que si comenzáramos a cambiar hoy mismo, ya mañana tendríamos algún resultado que podría levantar el ánimo de las grandes masas de indignados en todo el mundo. Me refiero a la publicidad. Al márquetin… Me refiero a las mentiras de oficio. O al oficio de mentir para vender un producto. Veamos algunos ejemplos de lo que digo:
-       Las comunicaciones que te llegan del banco y de los proveedores de tarjetas de crédito y de debito que te incitan al ahorro mediante el atraso del pago, demorar el pago pagando menos mensualmente. ¡qué maravilla! Pagaré menos cada mes, solo un porcentaje de la deuda, ¡Qué Maravilla! Que buenos son estos señores que me enseñan a pagar menos…   ¡Nos engañan!
-       Las ofertas de los bancos donde mediante colocaciones de ahorros o aperturas de cuentas me gano un juego de sartenes o una vajilla completa… ¡qué maravilla de regalos! ¡qué bondadosos son estos señores!     ¡Nos engañan!
-       Sin llegar a creer a los vendedores de cremas de dientes, que describiendo pruebas seudocientíficas y modelos profesionales con bata blanca, nos dicen que usando una crema en particular se curan las encías, se evitan las caries o se blanquean los dientes.    ¡Nos engañan!
-       O el champú que nos quitará la caspa, en casi una sola lavada.  ¡Nos engañan!
-       Igual con cualquier producto de limpieza, cualquier producto de belleza, con cualquier producto de consumo masivo.  ¡Nos engañan!
-       Y no te digo nada de las comunicaciones de bancos que te dicen que por ser un cliente especial recibirás sesenta mil euros con una simple llamada por teléfono, no te aclaran que pagaras más intereses que si hubieras hipotecado tu casa.   ¡Nos engañan!
-       O las ofertas especiales de colocaciones basura. Colocaciones preferentes. Fondos especiales.  ¡Nos engañan!  ¡Nos engañan!    ¡Nos engañan!
-       O los operadores de telefonía móvil con una tarifa nueva para que llames a todos tus amigos, a todas horas, sin percatarte que pagaras más. ¡Nos engañan!
Sí, pero eso es normal. Ya estamos acostumbrados, eso es publicidad, es márquetin, es propio del oficio de mentirosos, ya sabemos que se puede decir mentiras cuando haces publicidad.
NO, eso es lo que hay que combatir. Basta ya. Que no nos engañen. Que no nos mientan.
Nos hemos acostumbrado a que nos digan mentiras, a que nos engañen tratando de crear dependencia y hacer que compres un producto, engañarte para que consumas, engañarte para que el consumo aumente y así mejore los indicadores macroeconómicos. Y con eso el país irá mejor saldrá de la depresión. Y nos engañan los publicistas, y nos engañan los expertos en mercadeo, y nos engañan los políticos, y nos engañan los jueces y nos engañan los banqueros, y nos engaña hasta la abuela.
Nos deberíamos preguntar quienes son los que ganan con esto. Porque es evidente que nosotros no ganamos nada, ni ahorramos, ni tendremos más dinero, ni llegaremos mejor a fin de mes, ni eliminaremos la caspa o las caries, y no digo nada de tener más dinero en el banco, porque me han pagado más intereses por mis ahorros.
NO, se han inventado otras comisiones y me han descontado un porcentaje de mis ingresos.
Esto tiene que cambiar.

Sobran políticos


Ya parece ser que todos lo aceptan. Los números son incuestionables. La excusa de los niveles, ya no sirve. Alemania tiene seis niveles y España solo cuatro. Sobran casi doscientos mil políticos. España tiene más políticos por habitante que cualquier país de Europa. (*) Esta es la conclusión que tenemos todos los españoles y varios millones de extranjeros que vivimos en España. Aquí sobran muchos políticos.
Pero también es evidente que para cambiar esto hace falta que los mismos políticos que sobran se pongan de acuerdo para eliminar algunas estructuras, reducir cargos, disminuir el número de senadores y diputados, eliminar diputaciones, concentrar alcaldías, perder en otras palabras cargos y cuotas de poder.  
No creemos que sean capaces de hacerlo, no tienen coraje (para decirlo de forma elegante) para proponer esos cambios. Ellos piensan que perderán votos, les da miedo sus mismos compañeros de partido, las pugnas internas estallarán, saben que si lo intentan sus compañeros tratarán de tumbarlos de sus posiciones de dominio y poder interno. Saldrán nuevos líderes, buitres que esperan comer la carroña del atrevido que proponga perder los privilegios que tienen. Esos privilegios son intocables dentro de cada partido. La sociedad de cómplices que constituyen los políticos, sean de cualquier tolda defenderán esos privilegios. En eso no necesitan reuniones para estar de acuerdo. Todos salen en defensa del estatus quo.
Pero la triste realidad es que los que corran el riesgo ganarán muchos votos, como los ha ganado Rosa Diez con el simple movimiento de plantear una denuncia a los directivos de Bankia. El partido que tome el riesgo de promover el cambio tendrá muchos nuevos seguidores, lo acusaran de populista. Sí, pero ese es el populismo bueno, el de estar pendiente de las cosas que van mal, las cosas que molestan al paisano común y corriente, al paisano de la calle a todos nosotros que vivimos en este bendito país y que queremos algo mejor para nuestros hijos y nuestros nietos.
El clamor popular es claro, todos a apretarse el cinturón, menos los políticos, ellos no hacen ningún sacrificio. Hasta cuando seguirá pasando esto. Ya hay muchas propuestas en la mesa:
  • Eliminar las diputaciones, todas o algunas.
  • Disminuir el número de alcaldías, agrupando por regiones.
  • Reducir el número de Concejales, Diputados y Senadores en todos los niveles. Y disminuir o eliminar los asistentes de diputado o senador.
  • Eliminar todas esas estructuras inventadas para colocar a la gente del partido: fundaciones, empresas municipales y organismos asesores dependientes de las comunidades y los ayuntamientos. Eliminar los liberados sindicales y patronales.
  • Políticos fueras de las cajas de ahorro Establecer todas las prestaciones y jubilaciones iguales en edad y monto a las del ciudadano normal y corriente. Nada de privilegios a los políticos. Ni a los senadores, ni a los diputados ni a los concejales, todos iguales ante la ley.
  • Limitar los gastos de representación, vuelos en primera clase, coches oficiales, teléfonos móviles, tarjetas de crédito, escoltas, y todo ese conjunto de privilegios que deben pagar de sus bolsillos.
  • Nada de bonos por trabajar en una comisión, ni primas por cargos internos, ni dietas especiales, ni indemnizaciones cuando dejas el cargo, ni pago de mudanzas, ni tanto apoyo tecnológico, está bien que se equipen las oficinas, con PC, Teléfono, ADSL, etc. pero regalarle equipos como IPAD o smartfone, etc. Ya es demasiado.

Queremos ver que los políticos participan del sacrificio, queremos ver que se aprietan el cinturón primero y más que cualquier ciudadano, ya que son en parte culpables de lo que ocurre. Dando el ejemplo para que los sigamos.
El burro adelante para que no se espante.



*Javier Fonseca, El Pais-25/04/2012  estudio elaborado por la presidencia del gobierno. 

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