sábado, 28 de noviembre de 2015

Con el gheto adentro

Con el gueto adentro y como cambiar
El ser graduado de universidad parecía ser una confirmación de que el individuo era una persona “civilizada” es decir, con ciertos estudios, con buena presencia, de hablar fluido, con una cultura variable pero reconocible. Digo parecía porque ahora he visto ocasiones donde se ha puesto en duda, con el comentario: “paso cinco años en la universidad pero la universidad no paso por él”  y esto porque el sujeto graduado del comentario era vulgar, irresponsable, y se comportaba como si hubiera recién salido de un barrio bajo de cualquier ciudad europea.
La formación recibida no parece ser garantía de nada. Esta el proverbio latino que reza así: ”Quod natura non dat, Salmantica non praestat”
Teóricos de la psicología y la sociología colocan la causa de la “calidad” personal más en la educación recibida en la casa, en el ejemplo familiar y de las condiciones socioeconómicas de la familia y del barrio donde viviera su infancia y adolescencia. Quizás lo que ocurre es que nuestras primeras absorciones son las que imprimen carácter. Lo que nos define de por vida. Lo que somos y seremos se define en nuestro primer horneado. Por lo menos es y será la base constitucional de nuestro carácter y personalidad, que podrá ser pulido y mejorado con las experiencias vivenciales y con el éxito o fracaso de sus actividades personales y profesionales, que dependerá especialmente del esfuerzo y la disciplina, de lo que haga como actividad, de sus estudios, y de los trabajos realizados en su vida.
También hay descalificaciones de otras profesiones o de otros protagonistas de fama reconocida por ejemplo: “Tiene el gueto metido dentro” Eso oí decir sobre Benzemá, el delantero francés madridista. Hacían referencia que a pesar del dinero que gana, el lujo con el que vive, la fama que tiene, se comportaba como un malandro, un pandillero de barrio, alguien que tenía todavía el gueto metido en el cerebro, en su forma de pensar y actuar. Es decir el barrio donde vivió de joven, la pandilla en la cual participó, sus amigos y socios de las tropelías realizadas en esa época de juventud lo marcan hasta el extremo que se sigue comportando como pandillero e indeseable. La pregunta importante es: ¿Cómo cambiar esa forma de ser?
Muchas personas aunque lo defina negativamente la familia y el ambiente de su niñez son capaces de mejorar con su desarrollo, logran lo que se conoce ahora como crecimiento personal. Es mejorar como persona a medida que viajas, que estudias, que trabajas en equipo, que te relacionas. Aunque no toda experiencia produce crecimiento personal, a veces se dice: “No es lo mismo diez años de experiencia que un año de experiencia repetido diez veces”
Hay personas que sienten una gran inquietud y stress con el cambio, cuando se enfrentan a algo nuevo, un nuevo puesto, una nueva actividad profesional, y solo se tranquilizan al cabo de unos meses cuando establecen una rutina para sentir seguridad. A partir de ahí evitarán cambios en sus puestos de trabajo. Sera un primer año durísimo de experiencia que trataran de repetirlo toda su vida de ser posible.
Otras personas les encanta iniciar algo nuevo y son felices al enfrentar un nuevo puesto o una nueva actividad, hasta que sienten que dominan plenamente el trabajo y se convierte en rutina. Se aburren en su antiguo (aunque lleve solo 3 meses) puesto, les causa inquietud y stress y están buscando cambiar el procedimiento o cambiar de puesto. Estas personas siempre promoverán el cambio. Y si depende de ellos cada año será una nueva experiencia.
Por eso es que debemos pensar que toda la gente no reacciona igual frente a un estimulo o una oferta de cambio que nos parece conveniente a nosotros.
Unos son impermeables al medio y no se dejan influenciar, no absorben nada; otros absorben una primera capa de humanidad y quedan sellados a otros cambios del entorno. Otros son muy influenciables y están permanentemente absorbiendo y cambiando con los que reciben desde el exterior, y si los cambian de ambiente se influencian rápidamente con el nuevo ambiente. Hay de todo en la viña del señor. Y se requiere que las empresas u organizaciones que contratan a estos universitarios o profesionales exitosos se preocupen más de ellos como personas y que intenten hacer madurar a esos jóvenes talentosos y los hagan crecer como personas. 


jueves, 26 de noviembre de 2015

Designación divina, Felipe II

Felipe II   -¿Ingenuo o astuto?
Hoy, (24/11/2015), leí en el ABC que “Felipe II se creía puesto en el trono por Dios” lo dice el historiador Alfredo Alvar, “los embajadores debían arrodillarse al acudir ante el”  y uno se pregunta: ¿De dónde vendrá esa creencia o esa certeza? Estaban ungidos por Dios, y solo debe responder de sus acciones ante Dios… Vaya envidia que da a los dictadores de nuestros tiempos.
Si nos preguntamos cuando empezó esta “creencia” debemos remontarnos mucho en la historia. En las religiones antiguas, como la egipcia, el rey era un hijo de la divinidad, ya después encontramos referencias en las epístolas a los romanos, (13, 1-2), o con San Agustín  y los doctores de la iglesia, recordemos que en el siglo IV se reconoce al cristianismo como religión estatal, y la creencia se convierte en certeza y pasa a formar parte de la tradición católica en la historia medieval y moderna europea.
Las referencias escritas son posteriores. Ya los reyes necesitaban documentos probatorios porque muchos barones o condes, aunque no sabían leer, tendrían apoyo de obispos o prelados más cultos que si sabían leer y defendían los intereses de sus amos o señores. Con la reforma del siglo XVI se desmarca la Europa protestante, que propugna la educación del pueblo entre otras cosas y la designación divina se mantiene solo como característica de la Europa católica del sur. Por lo tanto que Felipe II, a finales del siglo XVI,  estuviera convencido de su relación con Dios era muy normal en la época. Durante siglos fue una razón para mantener la monarquía en el poder.
Pero recordemos cómo se gestionaba el poder en la época medieval, donde el siervo de un señor feudal era muy parecido a un esclavo. De los obispos y los curas que tenían que tratar con los siervos directamente se esperaba que mantuvieran tranquilos a sus rebaños. Resignación cristiana se recomendaba desde el púlpito y por lo tanto la ignorancia era fundamental para garantizar la dependencia mental. Correspondía a los curas y párrocos mantener la serenidad del pueblo a aceptar los designios de Dios a través del amo, del cura o párroco. Más temprano que tarde, la iglesia comprende su poder como representante de Dios en la tierra, son los que pueden confirmar si Dios de verdad apoya o está dispuesto a designar a un aspirante al trono. Se convierten en el voto decisivo. Ahí, no sabemos la fecha se inició el cogobierno en Europa. Y recordamos al Quijote: “Sancho con la iglesia hemos topado”
Para convencer a todos de que la iglesia ostenta ese poder surge la necesidad del infierno, castigo divino a los infractores, a los desobedientes, para los no creyentes. La ignorancia colectiva existente se convierte en la gran herramienta para la paz del reino. El miedo al infierno, la resignación cristiana y el Dios proveerá son los pilares del poder en la tierra. Con el desarrollo medieval, a comienzos de la edad moderna y debido a las mejora comunicacionales de Europa y al surgimiento de algunos obispos díscolos se necesita reforzar el poder terrenal del papado y surge la “Santa Inquisición” creada por el papa Gregorio IX el año 1231.
Con los estatutos de la excomunión y la inquisición el papa redujo la responsabilidad de los obispos en materia de ortodoxia, sometió a los inquisidores bajo la jurisdicción del pontificado y estableció severos castigos. El cargo de inquisidor fue confiado casi en exclusiva a los franciscanos y dominicos a causa de su mejor preparación teológica  y su supuesto rechazo a las ambiciones mundanas…
No fue suficiente, alarmado por la difusión del protestantismo en 1542 Pablo III estableció en Roma la Congregación de la Inquisición conocida como Inquisición romana y Santo Oficio. (M.netgar, Historia documentos)  

Hasta nuestros días porque Franco también usaba “el caudillo de España por la gracia de Dios” y si no estaba convencido por lo menos trataba que los demás lo creyeran a pie juntillas. Y la jerarquía de la iglesia católica española lo llevaba bajo palio…


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