Con el gueto adentro y como cambiar
El
ser graduado de universidad parecía ser una confirmación de que el individuo
era una persona “civilizada” es decir, con ciertos estudios, con buena
presencia, de hablar fluido, con una cultura variable pero reconocible. Digo
parecía porque ahora he visto ocasiones donde se ha puesto en duda, con el
comentario: “paso cinco años en la universidad pero la universidad no paso por
él” y esto porque el sujeto graduado del
comentario era vulgar, irresponsable, y se comportaba como si hubiera recién
salido de un barrio bajo de cualquier ciudad europea.
La
formación recibida no parece ser garantía de nada. Esta el proverbio latino que
reza así: ”Quod natura non dat, Salmantica
non praestat”
Teóricos
de la psicología y la sociología colocan la causa de la “calidad” personal más
en la educación recibida en la casa, en el ejemplo familiar y de las
condiciones socioeconómicas de la familia y del barrio donde viviera su
infancia y adolescencia. Quizás lo que ocurre es que nuestras primeras absorciones
son las que imprimen carácter. Lo que nos define de por vida. Lo que somos y
seremos se define en nuestro primer horneado. Por lo menos es y será la base
constitucional de nuestro carácter y personalidad, que podrá ser pulido y
mejorado con las experiencias vivenciales y con el éxito o fracaso de sus
actividades personales y profesionales, que dependerá especialmente del
esfuerzo y la disciplina, de lo que haga como actividad, de sus estudios, y de
los trabajos realizados en su vida.
También
hay descalificaciones de otras profesiones o de otros protagonistas de fama
reconocida por ejemplo: “Tiene el gueto metido dentro” Eso oí decir sobre
Benzemá, el delantero francés madridista. Hacían referencia que a pesar del
dinero que gana, el lujo con el que vive, la fama que tiene, se comportaba como
un malandro, un pandillero de barrio, alguien que tenía todavía el gueto metido
en el cerebro, en su forma de pensar y actuar. Es decir el barrio donde vivió
de joven, la pandilla en la cual participó, sus amigos y socios de las tropelías
realizadas en esa época de juventud lo marcan hasta el extremo que se sigue
comportando como pandillero e indeseable. La pregunta importante es: ¿Cómo cambiar
esa forma de ser?
Muchas
personas aunque lo defina negativamente la familia y el ambiente de su niñez son
capaces de mejorar con su desarrollo, logran lo que se conoce ahora como crecimiento
personal. Es mejorar como persona a medida que viajas, que estudias, que
trabajas en equipo, que te relacionas. Aunque no toda experiencia produce crecimiento
personal, a veces se dice: “No es lo mismo diez años de experiencia que un año
de experiencia repetido diez veces”
Hay
personas que sienten una gran inquietud y stress con el cambio, cuando se
enfrentan a algo nuevo, un nuevo puesto, una nueva actividad profesional, y
solo se tranquilizan al cabo de unos meses cuando establecen una rutina para
sentir seguridad. A partir de ahí evitarán cambios en sus puestos de trabajo. Sera
un primer año durísimo de experiencia que trataran de repetirlo toda su vida de
ser posible.
Otras
personas les encanta iniciar algo nuevo y son felices al enfrentar un nuevo
puesto o una nueva actividad, hasta que sienten que dominan plenamente el
trabajo y se convierte en rutina. Se aburren en su antiguo (aunque lleve solo 3
meses) puesto, les causa inquietud y stress y están buscando cambiar el
procedimiento o cambiar de puesto. Estas personas siempre promoverán el cambio.
Y si depende de ellos cada año será una nueva experiencia.
Por
eso es que debemos pensar que toda la gente no reacciona igual frente a un
estimulo o una oferta de cambio que nos parece conveniente a nosotros.
Unos
son impermeables al medio y no se dejan influenciar, no absorben nada; otros
absorben una primera capa de humanidad y quedan sellados a otros cambios del
entorno. Otros son muy influenciables y están permanentemente absorbiendo y
cambiando con los que reciben desde el exterior, y si los cambian de ambiente
se influencian rápidamente con el nuevo ambiente. Hay de todo en la viña del
señor. Y se requiere que las empresas u organizaciones que contratan a estos
universitarios o profesionales exitosos se preocupen más de ellos como personas
y que intenten hacer madurar a esos jóvenes talentosos y los hagan crecer como
personas.
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