Suerte, que suerte he tenido…
Hace algunos años mi amigo
Carlos, mi asesor astrológico profesional como lo llamo en plan de broma, por
tener un doctorado en ciencia de los materiales y por ser un acucioso estudiante
de la astrología, en otras palabras sabe de los materiales estelares y de la
posición de los astros, cuyo simbolismo interpreta de forma acertada para explicar nuestro
comportamiento. Nunca me predijo cuando ganarme la lotería, su excusa era que Saturno,
el planeta que retarda y hace lento todo, estaba en contra de mi casa del
dinero y el significado de esa oposición era que debería trabajar y ahorrar toda
mi vida.
Un día me explicaba que dada la posición
mi sol, casi en conjunción con mi Plutón natal en la casa de las
transformaciones, serían muy importantes los cambios que ocurrían a mí
alrededor o que mi vida estaría guiada por los cambios que yo trataría de
promover. En otras palabras sufriría los cambios toda mi vida, o que viviría en
un perpetuo cambio, no estoy seguro lo que implicaba… Pero había algo positivo, ahí cerca de ese sol
y de Plutón estaba la rueda de la fortuna y su significado dado su posición y
la casa donde habitaba eran muy positivos. La rueda ahí se interpretaba como “protegido
por los dioses” Que mayor suerte podría esperar, me protegían los
dioses. Desde ese momento eso marco mi actuar.
Y lo puedo confirmar con algunos
hechos: siempre he tenido amigos excelentes, por la personalidad y características
personales como por lo entrañables que han sido a lo largo de toda mi vida.
Amigos del colegio, amigos de la universidad y amigos del trabajo.
Así mismo una característica no
buscada, sino encontrada por suerte, ha sido mis jefes, he tenido muy buenos
jefes a lo largo de los casi cuarenta años de mi carrera profesional. Algunos
muy pintorescos o folclóricos pero su relación jefe subalterno muy positiva y
enriquecedora. Y como muestra dos ejemplos:
Recién graduado, el primer jefe
formal en el laboratorio del Ministerio de Hacienda, fue John Rodríguez, “el
loco John” Así lo llamaban todos.
Tenía una cita para conocerlo y
llenar la solicitud de trabajo. Al llegar no estaba y mientras me hacían un
tour por las instalaciones la secretaria aviso que ya había llegado pero iba a
salir, así que por favor nos acercáramos a la dirección lo más rápido posible,
al llegar a la oficina lo vimos que estaba dándole un encargo a la secretaria y
ya iba saliendo cuando la persona que me acompañaba le llamó y le dijo:
-Doctor, no se vaya que aquí está
la persona, el químico que queríamos que conociera.
-Ahora no puedo, voy saliendo a
una reunión urgente, dijo mientras se volteaba, fijó su mirada en mí durante unos
cinco segundos y dijo. “Me caes bien, trae
tus documentos que estás contratado” y salió disparado de la oficina.
Viendo aquello, con cara de extrañeza
le pregunto a mi amigo; ¿Y esto qué es? ¿Viste lo que hizo ese loco? Mi amigo
se reía mientras me decía: ¡Tienes suerte, estás contratado! Ese loco como tú lo llamas, cumple su
palabra.
Días después cuando le entregue
los documentos y cartas de recomendación, me recibió en su oficina y fue
revisando en mi presencia las notas, el diploma, haciendo algún comentario, al
llegar a las cartas, leyó la primera de Rigoberto Díaz Cadavieco, Jefe de Departamento
de Química Inorgánica, y me di cuenta que conocía muy bien la facultad,
especialmente la Escuela de Química y a los profesores que me recomendaban. Hizo
un gesto de aprecio mientras decía, hombre, muy buena la carta de Rigoberto.
Cogió la segunda carta de Maritza Calzadilla, jefa del departamento de Química
Orgánica, la leyó y hizo otro comentario asombrado de la buena opinión que
tenia de mi la Calzadilla, que había sido las madrina de la promoción.
Pero lo que me preocupaba era la
tercera carta, por falta de tiempo tuve que recurrir al Director de la Escuela:
Luis Benito Tugues, nunca me dio clases pero nos habíamos enfrentado en múltiples
ocasiones, sobre todo por mis actividades en el centro de estudiante. Y en esa
carta no me recomendaba en lo absoluto, era una carta de antecedentes penales
donde simplemente en muy pocas líneas expresaba y dejaba constancia como Director
de la Escuela que me había graduado en cinco años y no tenía ninguna mancha en
mi expediente académico.
Al leerla, puso cara de
sorprendido cuando vio quien la firmaba. Llamó a la secretaria y muy serio le
dijo: Por favor sáquele una copia a esta carta y se quedó callado esperando, al
recibir la copia me devolvió el original y me dijo: “Guarda el original, esta es la mejor recomendación que tienes, porque si
ese hijo de puta habla bien de ti, no te contrato”
Al terminar el primer día de
trabajo, me mandó llamar a su oficina, y me preguntó si conocía ya el protocolo
de análisis y certificación de los resultados, le dije que sí y me dijo, si tienes
dudas sobre algún análisis, no me preguntes a mí que yo no sé química, pregúntale
a tus compañeros que son excelentes, pero lo único que te exijo es que revises
muy bien lo que copia la secretaria y solo cuando estés seguro firma el informe.
Por que donde yo vea tu firma, firmaré abajo y ese resultado no lo podrá
cambiar nadie. Siempre apoyaba a su personal que nunca le defraudó.
Otro jefe excelente fue “el Profe”
José Giménez Romero, El Decano de Estudios Libres en la USB, me ofreció el
cargo de adjunto al Decano, ya que el adjunto actual se iba a Italia, y más o
menos ocurrió así:
Saliendo un
miércoles del Concejo Directivo, donde yo era representante profesoral, el
Profe se me acerca y me dice que quiere hablar conmigo, nos quedamos los dos un
momento y me suelta a boca de jarro:
-
¡Giulio se va! ¿Quieres ser mi adjunto?
-
¡Claro que si, profe!, conteste en el acto, pero, después le pregunté:
-
pero Profe ¿Qué trabajo hace su adjunto?
-
Se quedó pensando unos segundos y me dijo:
-
“la verdad no lo sé, mejor pregúntale a Giulio”
-
¡ACEPTO!, casi que grite.
Si
usted no sabe que hace su adjunto y no le importa ¡YO ACEPTO!
Salí
corriendo puse la renuncia de mi cargo de Coordinador de Química y salí a
buscar a Giulio para que me contara. Debo reconocer que estaba algo preocupado
de cuáles de las cosas que hacia Giulio me tocaría hacer a mí. Pero no me importaba, ese día empecé a
disfrutar del mejor jefe que he tenido en mi vida. Me permitió participar en un
equipo de trabajo excelente y ser parte de proyectos educativos que llenaron
nuestras expectativas. Realmente fue uno de mis maestros, maestro de la vida. ¡Gracias
Profe!