Esto aunque suena extraño es muy común en esta Europa
conservadora o por lo menos en España. Déjenme explicarme: Un chaval entre los
dieciséis a vente años, que está en bachillerato, o empezando la formación
profesional, la universidad se encuentra con un profesor que lo hace pensar, o
la muerte del padre, o una situación
real de su pueblo, ciudad o barrio que lo saca de su zona de confort, y de
golpe se pregunta: ¿Qué me espera en el futuro? ¿De qué voy a vivir?
Lo normal, perdón lo antiguo, lo que se usaba en mis tiempos
era pensar en trabajar, estudiar, formarse. Ahora lo más frecuente, lo digo
porque antes también pasaba en algún caso extraño, repito ahora es muy común,
pensar me meto a político. Me inscribo en el partido y ahí ganaré mucho dinero,
tendré poder, o dicho de forma vulgar: joderé al prójimo que me trate de joder
a mi. Y esto está confirmado porque todos los días ve, en la TV y lee en la
prensa que a un político no le pasa nada
malo, sobrevive y tiene mucha prensa a pesar de los ataques y las denuncias.
Sigue en pie, ganando dinero que llaman dinero negro, no le importa el color con
tal que sea en euros contantes y sonantes.
Va y se inscribe en el partido de su interés, uno de los
grandes donde se pueda subir y ganar dinero pronto, y donde es fácil conseguir un
padrino, un tutor que lo ayude, lo apoye y le de oportunidades. Como dice el
dicho: “al que a buen árbol se arrima buena sombra le cobija”
A las semanas de estar inscrito y trabajando a la sombra de
su árbol, alguien le explica que son “las puertas giratorias” que se mencionan
en la prensa y se da cuenta que además para el futuro tendrá asegurado un buen
sueldo y una excelente jubilación, este trabajo, esta empresa es la que cuida
mejor a su gente. Es un orgullo ser del
partido. Tengo asegurada mi vida. Bueno, sino la cago como algunos que
recientemente han tenido que renunciar. Hay que ser leal, (lo dijo Aznar hace
poco), hay que ser hábil y tener contactos (lo dijo Cospedal recientemente) y
hay que ser de derechas (lo dice Casado todos los días).
No quiero que me pase lo de Soraya que no tenía donde caerse
muerta. Que falta de previsión, que falta de habilidad política, y tuvo que
aceptar un cargo, una traición. Aceptó un cargo ofrecido por Pedro Sánchez en
el Consejo de Estado, que horror, que pena.
Eso de volver a trabajar donde antes. Es no saber de
política. Dígame que ridiculez eso de la podemita que daba el pecho al niño en
el Congreso, que deja su cargo de disputado y nos informa que vuelve a la
Universidad. Pobrecita tiene que volver. Es un síntoma de fracaso. Los
políticos de verdad siempre vamos hacia adelante, hacia las puertas giratorias,
hacia una jubilación de oro. Somos profesionales. Políticos profesionales.
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