He decidido vivir hasta los ochenta
Sí, pero no es cosa de risa, se suponía que no debía llegar
a los ochenta, las generaciones anteriores de mi familia ninguna había superado
los setenta y dos, por eso el título: He decidido, yo he decidido, que no me
moriré en los próximos cinco años, porque con mis 74 de hoy llegaré a los 79 en
cinco años, y ahí decidiré o seleccionaré el mes o el día del entierro.
Es solo hasta los 80, es decir julio del año 2025. Espero que
en buenas condiciones, por lo menos más o menos en las condiciones que tengo
ahora. No se puede pedir más. No se puede retroceder para evitar daños.
Aunque emigrado, lejos de mi terruño, de mi país, de mi
universidad a la que le dediqué 37 años de mi vida, lejos de mis querencias, lejos
de los hijos, los nietos, hermanas, los primos y lo que queda de la familia
directa. Por lo menos tengo amigos que gracias a la tecnología puedo hablarles,
escribirles, ver y compartir con ellos el guayabo, los cuentos de la juventud y
los recuerdos de toda una vida. Por eso es importante que los amigos lo sepan
para que aguanten el fastidio de un viejo amigo, o de un amigo viejo que se
empeña en saber cómo están y que están haciendo. ¡Qué ladilla! ¿Verdad? Pero la mayoría tienen la misma edad así que
les hago un favor. Sacúdanse porque si se achantan la soledad los va a joder.
Analizando esta decisión me di cuenta que si vivimos hasta
los ochenta solo nos queda el 6,76 % de la vida. Repito solo me queda y nos
queda un 6,76 % por vivir. Dicho así suena a muy poco, cinco años que desde que
llegas a madurito cada año pasa volando. No queda nada.
Ahora hay que decidir cómo aprovecharlos, porque si tuviera
dinero sería viajando, para lo que tengo una lista de países que quiero
conocer, empezando por Nueva Zelanda y Australia, incluyendo un crucero por la
polinesia francesa y tocando Hawái y Tahití. Y ayer vi un documental sobre
Nueva Caledonia y lo acabo de incluir. Además tengo anotados Islandia y Noruega,
pasando por los fiordos, el púlpito y la carretera que une a las islas hasta el
cabo norte. Es un plan que tengo revisado hace mucho tiempo. Pero se necesita
una buena cantidad de dinero, o ganarse la lotería. O dejarse de pendejadas y hacer
solo lo que alcance el dinero que tenemos.
La verdad es que lo que decidí es no morirme hasta los
ochenta, prefiero decir vivir hasta los ochenta. Y
tendría que pensar que si vamos a vivir lo mejor sería poder decir vamos a vivir
viajando hasta gastarnos los ahorros, en dos años o tres años ¿Para qué lo
guardamos? Porque ahorrar ¿Para qué? ¿Para cuándo? Siempre lo que nos ocurre es
que la responsabilidad maldita nos dice que tenemos que estar cubierto para
cualquier emergencia y para cualquier eventualidad, y por si acaso… Coño, ¿para
qué? Siempre pasa que esperas y esperas, y cuando por fin te provoca no puedes
o no tienes con qué. Ahora nos provoca y tenemos con qué. Y estamos
parapeteados y en condiciones para viajar, poco a poco, sin maratones, sin
madrugadas, ni esfuerzos. Poquito a poco. Como viejitos alegres y divertidos,
en patota que es mejor. No sé cuánto alcanzará pero cuando se agote el pote se acabará
el viaje y nos tocará volver a refugiarnos en la familia, que está avisada de
antemano. Ya se los dije.
Con suerte nos habremos muerto en el viaje, o mejor dicho se
habrá muerto el primero de los dos, casi siempre nos toca a los hombres, las
mujeres tienen la mala costumbre, o mala praxis, como le dicen ahora, la manía
de enviudar. La incineración más barata que haya y regada de cenizas en algún lugar
bonito sin pedir permiso, que lo niegan. Y así los hijos no tendrán que cargar
sino con uno de los viejos.
Esto es lo que pasa cuando uno está desocupado y ocioso y se
pone a escribir güevonadas. Pero lo vamos a pensar. Que así es como se inician
los grandes proyectos. ¿Quién se anota?
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