miércoles, 1 de abril de 2020

Patria son los olores de la infancia



Conversando con un gran amigo me comenta: “No tengo la idea de Patria, idea que solo ha servido para que nos matemos unos a otros. La patria es, como aprendí de Ángeles Mastretta, escritora mexicana, los olores de la infancia"

De esa patria quiero hablar hoy, de los olores de la 
infancia: de la infancia temprana asociados a imágenes de bellos momentos y olores agradables, de reminiscencias del pasado.

El recuerdo más fuerte quizás sea olor de la colonia que usaba mi papa, o al pedir la bendición todas las mañanas al levantarse su aliento con jugo de naranja recién exprimido. O mi mama que olía a fresco, jabón, cariño, bondad. Todo mezclado en milagro de alquimista, aunque también a veces, olía a torta recién horneada, a guayaba o membrillo en la cocina preparando mermeladas; o un fuerte olor a lana cuando se sentaba a tejer, también había otro olor difícil de describir cuando en la mesa grande, colocaba un cartón o de un material prensado para sobre el cortar los patrones para las camisas o vestido que confeccionaba, mezcla de olor a tela nueva, cartón prensado, o revista de Burda. Olor de trabajo, de necesidad, olor de austeridad.
Una fuente importante de olores era el jardín de la casa donde pase mi infancia, y tengo algunos recuerdos muy viejos que se pierden en los primeros años de vida donde figuran entre los primeros el olor al gallinero que había en el fondo del patio, recuerdo claramente las gallinas colocadas en sus palos alternados, en la pared del fondo las cajas donde ponían los huevos y ese olor característico, que inundaba los sentidos, pero desapareció con la modernidad.
 El olor de un osito de peluche, muy feo, eso lo digo ahora, y un muñeco especie de marinero con gorra que me acompañaba para poder dormir, tenía esa mezcla de olor de trapo sucio con olor de niño pequeño, que no se describir pero lo he reencontrado con los peluches de mis hijos cuando eran pequeños. También recuerdo el olor a frutas de la camioneta pick up del “marchante” que una vez a la semana pasaba tocaba la corneta y ofrecía frutas, verduras, granos, legumbres frescas colocadas en cajones o anaqueles colocados en pirámide en la parte de atrás de la camioneta. Otro olor muy agradable lo sentía cuando acompañaba a mi mamá a buscar las arepas de budare en un ranchito media cuadra más abajo, donde las preparaba una negra sonriente que no recuerdo su nombre pero si su aroma.
Un poco mayor, desde seis o siete años: el olor muy fuerte  de los cuatro caballos que venían a ofrecer un paseo a caballo por la urbanización a bolívar el cuarto de hora. El olor del balón de fútbol, cuando nuevo, o sucio y mojado ya muy usado. Había momentos que olía a cebo hecho de rabo de vaca que mi mama me preparaba para frotarlo para que se conservara el cuero sin pudrirse. Uno siempre muy especial fue lo que desprendía mi guante de béisbol que fue mi compañero muchos años. Olor a cadena de bicicleta, que era mezcla de aceite, caucho y sucio acumulado.
Por supuesto me falta uno importante el olor a Moro y Morita, olor a bóxer niñera, mis perros, mis compañeros de los 5 a los 13 años. Tenía varios olores: Uno muy fuerte de perro mojado, otro más suave de perro limpio, recién bañado. Pero siempre olor a compañero y amigo.
Pero el jardín tenía otros muchos olores: un limonero y dos toronjas de fuerte olor a cítrico, y a un lado había una mata de malabares, de flores blancas aterciopeladas de olor especial y de grato recuerdo asociado a mi prima Marina. Un poco más allá un Jazmín que floreaba en meses distinto y llenaba todo la casa de su olor dulzón. Justo en el medio del patio de atrás de poco olor, un mamón macho que como dice el dicho florea pero no carga, una vez al año llenaba todo el patio de negro asfalto de una capa finísima verde claro difícil de barrer.
En los laterales naranjas que nos refrescaban en los descansos de los juegos de la pandilla. En el frente olor a mango de bocado y manga de injerto y una vez al año los chaguaramos daban su enorme flor que soltaban sus desechos de florecitas blancas y de olor particular.
Todos juntos huelen a patria. La patria es, como aprendí de un amigo, que a su vez aprendió de Ángeles Mastretta, escritora mexicana, "patria son los olores de la infancia"
Gracias.

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