Conversando con un gran amigo me
comenta: “No tengo la idea de
Patria, idea que solo ha servido para que nos matemos unos a otros. La patria
es, como aprendí de Ángeles Mastretta, escritora mexicana, los olores de la infancia"
De esa patria quiero hablar hoy, de los olores de la
infancia: de la infancia temprana asociados a imágenes de bellos momentos y
olores agradables, de reminiscencias del pasado.
El recuerdo más fuerte quizás sea olor de la colonia que usaba
mi papa, o al pedir la bendición todas las mañanas al levantarse su aliento con
jugo de naranja recién exprimido. O mi mama que olía a fresco, jabón, cariño,
bondad. Todo mezclado en milagro de alquimista, aunque también a veces, olía a
torta recién horneada, a guayaba o membrillo en la cocina preparando mermeladas;
o un fuerte olor a lana cuando se sentaba a tejer, también había otro olor difícil
de describir cuando en la mesa grande, colocaba un cartón o de un material
prensado para sobre el cortar los patrones para las camisas o vestido que
confeccionaba, mezcla de olor a tela nueva, cartón prensado, o revista de Burda.
Olor de trabajo, de necesidad, olor de austeridad.
Una fuente importante de olores era el jardín de la casa
donde pase mi infancia, y tengo algunos recuerdos muy viejos que se pierden en
los primeros años de vida donde figuran entre los primeros el olor al gallinero
que había en el fondo del patio, recuerdo claramente las gallinas colocadas en
sus palos alternados, en la pared del fondo las cajas donde ponían los huevos y
ese olor característico, que inundaba los sentidos, pero desapareció con la
modernidad.
El olor de un osito
de peluche, muy feo, eso lo digo ahora, y un muñeco especie de marinero con
gorra que me acompañaba para poder dormir, tenía esa mezcla de olor de trapo
sucio con olor de niño pequeño, que no se describir pero lo he reencontrado con
los peluches de mis hijos cuando eran pequeños. También recuerdo el olor a
frutas de la camioneta pick up del “marchante” que una vez a la semana pasaba
tocaba la corneta y ofrecía frutas, verduras, granos, legumbres frescas
colocadas en cajones o anaqueles colocados en pirámide en la parte de atrás de
la camioneta. Otro olor muy agradable lo sentía cuando acompañaba a mi mamá a
buscar las arepas de budare en un ranchito media cuadra más abajo, donde las
preparaba una negra sonriente que no recuerdo su nombre pero si su aroma.
Un poco mayor, desde seis o siete años: el olor muy fuerte de los cuatro caballos que venían a ofrecer un
paseo a caballo por la urbanización a bolívar el cuarto de hora. El olor del
balón de fútbol, cuando nuevo, o sucio y mojado ya muy usado. Había momentos que
olía a cebo hecho de rabo de vaca que mi mama me preparaba para frotarlo para
que se conservara el cuero sin pudrirse. Uno siempre muy especial fue lo que
desprendía mi guante de béisbol que fue mi compañero muchos años. Olor a cadena
de bicicleta, que era mezcla de aceite, caucho y sucio acumulado.
Por supuesto me falta uno importante el olor a Moro y Morita,
olor a bóxer niñera, mis perros, mis compañeros de los 5 a los 13 años. Tenía varios
olores: Uno muy fuerte de perro mojado, otro más suave de perro limpio, recién bañado.
Pero siempre olor a compañero y amigo.
Pero el jardín tenía otros muchos olores: un limonero y dos
toronjas de fuerte olor a cítrico, y a un lado había una mata de malabares, de
flores blancas aterciopeladas de olor especial y de grato recuerdo asociado a
mi prima Marina. Un poco más allá un Jazmín que floreaba en meses distinto y
llenaba todo la casa de su olor dulzón. Justo en el medio del patio de atrás de
poco olor, un mamón macho que como dice el dicho florea pero no carga, una vez
al año llenaba todo el patio de negro asfalto de una capa finísima verde claro
difícil de barrer.
En los laterales naranjas que nos refrescaban en los
descansos de los juegos de la pandilla. En el frente olor a mango de bocado y manga
de injerto y una vez al año los chaguaramos daban su enorme flor que soltaban
sus desechos de florecitas blancas y de olor particular.
Todos juntos huelen a patria. La patria es, como aprendí de un amigo, que a su vez aprendió
de Ángeles Mastretta, escritora mexicana, "patria son los olores de la
infancia"
Gracias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario