domingo, 27 de diciembre de 2020

La amabilidad asturiana, ahí está la diferencia

Muchas veces al comentar lo bueno de Asturias no me creen o lo interpretan como una exageración de lo que es realidad es común y normal en toda España, o normal en cualquier ciudad europea. Pero no es normal y aquí les quiero demostrar a que me refiero.

Unos primos hermanos en Venezuela para demostrar que son sefardíes (por favor no reírse, esta nueva manía será la excusa para otro cuento), además de entregar muchos documentos para demostrar su árbol genealógico les piden demostrar su vinculación con España, es decir necesitan que un español, (osea yo), les certifique que somos familia y que mienta: debo decir que todos ellos  son muy buena gente.  Esta parte es broma.

Como estamos en pandemia llamé por teléfonos y pregunté. Al principio no estaba seguro de que solicitaba, un acta de manifestación, una certificación de vinculación, un comprobante de limpieza de sangre o comprobante de cristiano viejo… Pero me atendió Cristina, me dijo que enviara los modelos y todos los datos que tenía por email que ella, como “oficial de la notaria” consultaba con el notario y me informaría que era lo más conveniente y si se necesitaba algo más.

Me escribía un email preguntando algo, yo consultaba con mi prima y le contestaba el resultado de la consulta. Así definimos que institución recibiría el acta notariada; si requería apostilla o no, si debía ser un acta colectiva o se necesitaban actas individuales; a través de que abogado o notario o institución estaban haciendo la solicitud de nacionalidad; y sobretodo insistió en colocar bien la relación de consanguinidad hasta llegar al antepasado que tenía la consanguinidad sefardí. ¿Cómo se llama el abuelo? ¿Quién es el enlace sefardí? Había detalles propios de nuestras costumbres: ¿Por qué Belén Elvira es de López y otras veces es Ayala Fontúrvel? ¿Por qué su madre y su hermana tienen distintos apellidos?

Esto lo empezamos a hacer un viernes y pensé que si necesitaba algo esperaría al lunes, pero los correos de ida y vuelta continuaron el sábado y el domingo, y el lunes me confirmó que estaba listo, que el notario ya lo había revisado y podíamos cuadrar la firma para cualquier día que yo quisiera. Puntualmente el martes firmamos al mediodía, siete documentos cada uno de siete páginas donde se relataba lo solicitado hasta la relación con el bisabuelo de apellido Duarte, causante de… No estoy seguro como calificarlo, para ellos es la tabla de salvación. Esto será parte del otro cuento prometido.

Ya firmado me dijeron esta tarde o mañana temprano tendrá listas las actas, que deben ser consignadas en el archivo y preparadas para su entrega. Sin entender muy bien que quería decir esto quedamos en que me avisaba por email.

Hoy las fui a recoger y me dejaron sorprendido por la presentación final de las actas y además faltaba un detalle de amabilidad asturiana: Cristina me dice, le entendí que quería escanearlas para enviarlas a los familiares en Venezuela, si quiere yo le envío una copia digitalizada por email y así es más fácil para usted.

Que viva Cristina y la amabilidad asturiana.

Michael 23/12/2020

 

Paisanos en la playa

 

Paisanos en la playa

Por nuestra costumbre de caminar descalzos por la playa de Salinas hemos conocido muchos vecinos que tienen la misma costumbre y nos saludamos al pasar, aunque en plena pandemia solo sonreímos desde lejos, un movimiento de cabeza o algún gesto con el brazo a lo lejos.

También, sin que nadie lo haya decidido, la pandemia ha establecido canales de paseo como las carrileras de la natación, unos van y otros vienen y hay tres categorías, la más alejada del mar, pegada de las dunas donde caminan los que vienen con zapatos y no se quieren mojar los pies; el canal central para los que van calzados o descalzos, pero por la arena seca, aunque algunas olas llegan mansamente hasta sus predios. Después el canal de los pingüinos llamados así por lo fría que está el agua, van descalzos solo mojando las plantas de los pies, o con el agua por los tobillos, que con la llegada de la ola puede mojarte el pantalón si te descuidas. Y es en esta categoría donde siempre vamos nosotros porque nos gusta caminar sobre un espejo de agua y porque hay menos gente, porque somos pocos los pingüinos.

Hemos hecho como en la película Danza con Lobos, donde los indios les asignan nombres según lo que parecen. Entre los personajes pintorescos están: el señor mayor que por algún problema médico camina como si tuviera el chasis doblado a la derecha: lo llamamos: “Escorado a estribor”. “La escoba” señora que lleva el pelo que no parece gustarle usar suavizantes y la textura de paja enredada se le ve desde lejos, es fácilmente reconocible.

Hay unos muy simpáticos, como “el golfista” un fanático que camina con un driver, el mayor palo de la bolsa de golf, que me imagino lleva como protección contra los perros o como bastón tipo cayado, no lo sé, pero seguro no practica golf en la playa. Realmente no se para que lo usa, pero siempre lo acompaña. “La obsesa del móvil” que pasa hablando sola, discutiendo con alguien y camina viendo el suelo. La “sonriente arropada”, pasa caminando por el agua, con una toalla enorme al hombro y sonríe al saludar. O “la finlandesa”, camina con un bastón telescópico en cada mano y con movimientos gimnásticos. A veces se reúnen en grupo y son “los nórdicos”. El “abuelo y el moñito” son una pareja de padre e hijo cuya característica principal es el moñito que tiene el hijo en la parte de atrás de la cabeza. La atlética, la apurada, la del bolso verde, una viejita menudita que está desapareciendo poco a poco. Y por último la más sexy de la playa, una muchacha joven, delgada, camina con sigilo, ágil, flexible, cual felino, la llamamos “La  Pantera de Salinas”.

Los perros con paisano son una categoría especial, porque los conoces por el  nombre del perro. Están “Pericles” un Golden blanco precioso y juguetón, que trae a pasear una chica joven. Un perrito que suponemos canta muy bien de nombre “Elvis” que corretea por la arena y lo sigue un matrimonio joven. Muchos perros pequeños que van a su aire, y traen a un adulto como entrenador personal, para que les lance una pelota o un palo, que el can debe buscar y así hacer un poco de ejercicio. Y la estrella de todos “Gala” es una perra galgo joven, corredora que persigue a alta velocidad a los pajaritos que corretean por la orilla del agua mientras su dueña queda afónica de gritarla. Pero como ya nos conoce, cuando se cansa con un pequeño silbido viene a saludarnos.

Por eso nuestro pasatiempo es caminar en esta playa preciosa del Cantábrico con arena dorada compartida con gente simpática y pintoresca en el paraíso natural de Asturias.

domingo, 13 de diciembre de 2020

El poder como nos gusta

 

¡Ay! El poder, lo mucho que nos gusta                                diciembre 2020

Hoy hablaré del poder pero sobre todo de lo que representa el poder y por qué es tan apetecido por muchas personas.  Normalmente para el común de los mortales el poder implica una pérdida de libertad. El “otro” al usar el poder disminuye mi libertad. Las normas, controles, leyes me quitan libertad, no me dejan hacer lo que me da la gana. Hay cosas que no están permitidas. Hay cosas que no puedo hacer y por eso normalmente sentimos que el uso de poder por parte del otro es una pérdida de libertad, me limita.

¿Quién tiene poder? El militar por las armas; el policía, que también tiene pistola y porque te puede detener; el aduanero porque te puede deportar o requisar el material o contrabando que traes en la maleta; el juez porque te puede multar, apresar o condenar; el cura, párroco, obispo porque te condena o te señala; el político cuando roba o cuando perjudica a otros porque influye y favorece a su amigo o a su partido. También lo ejercen en cierta medida todos los funcionarios públicos, el fiscal de hacienda, el que te atiende en un ministerio, el inspector de sanidad, el portero de discoteca, el jefe en el trabajo y en general todas aquellas personas que tratan con el público. Cada uno de ellos tiene una cuota de poder, pequeña unos, otros muy grande. Y algunos la usan poco y otros demasiado.

Como podemos observar siempre el poder ejercido por otro, ya sea funcionario público o no, lo interpretamos como malo, porque nos perjudica, está ahí para jodernos, o por lo menos coartar nuestra libertad. En cambio cuando el poder lo ejerzo yo que bueno es, que bien se siente ejercerlo. ¡Qué bueno tener privilegios!

Porque en el fondo lo que importa es tener privilegios, todo poder va asociado a algún privilegio y ejercer ese privilegio es lo que hace atractivo al puesto, el cargo que ejerces o el poder que te da tu posición social. Tener poder es poder ejercer un privilegio. Ya sea un puesto de estacionamiento con mi nombre, un lugar en la mesa, una oficina con mi nombre, una secretaria para darle ordenes, o algún subalterno que me llame doctor, aun cuando mi título sea de Harvard Aravaca (disculpen, no lo pude evitar) o alguien que me dice señoría al dirigirse a mi persona.

Les quiero recordar que además de los siete pecados capitales como la gula, la envidia, soberbia, avaricia, pereza, ira, lujuria. Están los nuevos pecados capitales del siglo XXI, el más importante es el ostentar privilegios y sobre todo el ejercerlos inadecuadamente es pecado mortal. (Benedictus dixit)

Mientras busquemos privilegios para tener poder o busquemos el poder para disfrutar de los privilegios estaremos siempre actuando contra el prójimo. Usar los privilegios es abusar del poder, es ejercer la desigualdad, es aprovecharse del prójimo, ponerme encima, pensar que soy mejor que el otro, es muy poco cristiano. Y no debe ser el objetivo de nadie. Por eso hay que eliminar los privilegios y rescatar la vocación de servicio donde el poder está al servicio de la gente. Donde el funcionario esta “sirviendo” no está privilegiado.

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