Síndrome de la poltrona
Empecemos
recordando su significado:
Síndrome es el conjunto de fenómenos
que caracterizan una situación determinada. O el conjunto de síntomas que
caracterizan una afección o enfermedad.
Poltrona: sillón cómodo y confortable,
o butaca señorial, tiene connotación de trono, de importancia de quien la usa. No
es un simple taburete.
De aquí
podemos derivar que “Apoltronarse” es
sufrir el síndrome de la poltrona, es acostumbrase a estar cómodo, no
preocupado, un poco holgazán.
Esto se
puede ver fácilmente en políticos que llevan muchos años ejerciendo ya sea en
municipios, comunidades o en las cortes y ya están acostumbrados a sus
privilegios y prebendas, tienden a holgazanear, ya son unos veteranos del
oficio. Algunos necesitan más de diez años para empezar a usar la poltrona,
otros al año ya se duermen en los laureles y se compran una poltrona grande y
cómoda. Dejan de atender sus obligaciones, ya los trámites y procedimientos públicos
salen solas, la rutina burocrática se encarga de todo, sin tener que moverse de
su comodidad, sus subalternos entrenados lo resolverán todo, esto conlleva
alejarse de sus votantes, de sus vecinos y de sus conciudadanos, de la realidad.
Es llegar al momento donde su remplazo se hace imprescindible y no se dan
cuenta, ni lo creen necesario y se aferrarán al cargo con todas sus fuerzas.
Se nota
principalmente en los partidos grandes que tienen gran maquinaria partidista,
donde además se exige lealtad, es decir, no ponerse a inventar, leerse la cartilla
cada mañana para saber qué decir, qué hacer y qué repetir. Esto promueve la poltrona,
para que preocuparte si desde arriba te dan todo hecho.
Los partidos además de estos “aguantados o enchufados” tienen
la llamada “vieja guardia” donde están aquellos que aunque ostentaron cargos o posiciones
de poder pudieron ser apartados de los cargos directivos del partido, por
decirlo de alguna forma están jubilados. Muchos porque habían llegado a la
cima, o a su nivel de incompetencia, al máximo poder buscado, habían cumplido
el plazo que marca la ley. Se habían ganado el derecho a tener su poltrona
propia.
Otros simplemente porque el partido, la situación o el azar los
había obligado a dar un paso lateral. Y así tenemos un nuevo “EX” Un nuevo jarrón
chino, un miembro más para la vieja guardia.
Estos dinosaurios, generalmente tienen contactos e influencias
en sectores económicos del país y no quieren perder el poder que lograron, quieren
seguir diciendo como deben hacerse las cosas, y desde su poltrona de lujo controlar
o guiar a los novatos que dirigen ahora el cotarro. Se convierten en los controladores
de lo políticamente correcto. Léase Aznar y Felipe.
Pero el gran daño colateral de esta práctica es que lo mejor
de la cantera se pierde por la imposibilidad de ascender y prefieren irse buscando
un futuro mejor, también se pierden los que estudian o se han formado trabajando
en las empresas públicas o privadas. El partido se va llenando de holgazanes,
de poltronas que impiden el paso. Ambiciosos escaladores que torpedean a todo
aquel que destaque, que les haga sombra, a todo aquel que los ponga en
evidencia.
Aquellos que obtuvieron una maestría trabajada, con tesis
elaboradas por ellos mismos, estudios y calificaciones excelentes obtenidas con
esfuerzo, que son competentes, porque tienen conocimientos y acostumbrados a
trabajar duro no tienen futuro en este ambiente de analfabetos formales pero
grandes escaladores.