viernes, 30 de abril de 2021

Síndrome de la poltrona

 

Síndrome de la poltrona                                                  

Empecemos recordando su significado:

Síndrome es el conjunto de fenómenos que caracterizan una situación determinada. O el conjunto de síntomas que caracterizan una afección o enfermedad.

Poltrona: sillón cómodo y confortable, o butaca señorial, tiene connotación de trono, de importancia de quien la usa. No es un simple taburete.

 

De aquí podemos derivar que “Apoltronarse” es sufrir el síndrome de la poltrona, es acostumbrase a estar cómodo, no preocupado, un poco holgazán.

 

Esto se puede ver fácilmente en políticos que llevan muchos años ejerciendo ya sea en municipios, comunidades o en las cortes y ya están acostumbrados a sus privilegios y prebendas, tienden a holgazanear, ya son unos veteranos del oficio. Algunos necesitan más de diez años para empezar a usar la poltrona, otros al año ya se duermen en los laureles y se compran una poltrona grande y cómoda. Dejan de atender sus obligaciones, ya los trámites y procedimientos públicos salen solas, la rutina burocrática se encarga de todo, sin tener que moverse de su comodidad, sus subalternos entrenados lo resolverán todo, esto conlleva alejarse de sus votantes, de sus vecinos y de sus conciudadanos, de la realidad. Es llegar al momento donde su remplazo se hace imprescindible y no se dan cuenta, ni lo creen necesario y se aferrarán al cargo con todas sus fuerzas.

Se nota principalmente en los partidos grandes que tienen gran maquinaria partidista, donde además se exige lealtad, es decir, no ponerse a inventar, leerse la cartilla cada mañana para saber qué decir, qué hacer y qué repetir. Esto promueve la poltrona, para que preocuparte si desde arriba te dan todo hecho.

Los partidos además de estos “aguantados o enchufados” tienen la llamada “vieja guardia” donde están aquellos que aunque ostentaron cargos o posiciones de poder pudieron ser apartados de los cargos directivos del partido, por decirlo de alguna forma están jubilados. Muchos porque habían llegado a la cima, o a su nivel de incompetencia, al máximo poder buscado, habían cumplido el plazo que marca la ley. Se habían ganado el derecho a tener su poltrona propia.

Otros simplemente porque el partido, la situación o el azar los había obligado a dar un paso lateral. Y así tenemos un nuevo “EX” Un nuevo jarrón chino, un miembro más para la vieja guardia.

Estos dinosaurios, generalmente tienen contactos e influencias en sectores económicos del país y no quieren perder el poder que lograron, quieren seguir diciendo como deben hacerse las cosas, y desde su poltrona de lujo controlar o guiar a los novatos que dirigen ahora el cotarro. Se convierten en los controladores de lo políticamente correcto. Léase Aznar y Felipe.

Pero el gran daño colateral de esta práctica es que lo mejor de la cantera se pierde por la imposibilidad de ascender y prefieren irse buscando un futuro mejor, también se pierden los que estudian o se han formado trabajando en las empresas públicas o privadas. El partido se va llenando de holgazanes, de poltronas que impiden el paso. Ambiciosos escaladores que torpedean a todo aquel que destaque, que les haga sombra, a todo aquel que los ponga en evidencia.

Aquellos que obtuvieron una maestría trabajada, con tesis elaboradas por ellos mismos, estudios y calificaciones excelentes obtenidas con esfuerzo, que son competentes, porque tienen conocimientos y acostumbrados a trabajar duro no tienen futuro en este ambiente de analfabetos formales pero grandes escaladores.

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