Desde hace tiempo uso este calificativo con algunos conocidos que actúan como si fueran los dueños de la verdad, parece que la tienen concedida por Dios, o recibida en herencia, o por sus méritos, no sabemos. Pero sus argumentos, su sapiencia innata casi siempre lo que refleja es su ignorancia del tema, de la vida o de la realidad. Pero para él es la verdad y punto. ¿Les suena conocido?
Estos personajes aun siendo tus
amigos, son difíciles de tratar, si el tema es de política, religión o de
futbol o béisbol, no hay forma de conversar, sus opiniones o mejor dicho sus verdades
disparadas en voz alta causan estragos en los oyentes hasta en aquellos que son
de la misma opinión, o fanáticos del mismo equipo. Casi siempre el comentario
general es que tenemos que quererle mucho para poder soportarle. Y nos
despedimos con un desagradable sabor de boca.
En algunos hay un componente
religioso que marca o explica muchas de sus actitudes o comportamientos. Si
pensamos o nos han inculcado que solo hay un Dios verdadero, que por supuesto
es el nuestro, si creemos que los ateos van al infierno por el solo hecho de no
creer en el dios verdadero, por lo tanto y en consecuencia con estas creencias
somos los buenos, los que podemos ir al cielo, los otros no pueden, no son tan
buenos, o están enfermos o engañados pero no dan la talla. Juzgamos al
diferente desde nuestra moral y nuestras costumbres y tradiciones católicas. Aquí
encajan frases como: somos la gente de bien, actuamos como Dios manda, que
definen esa dualidad del bien o el mal, el correcto y el equivocado. Ya tenemos
un estereotipo y una forma de justificar lo bueno que somos, por lo tanto
nuestra opinión es la verdad y está escrita en piedra.
En temas como el aborto, matrimonio,
el divorcio, relaciones sexuales, la eutanasia, el sacerdocio y celibato, la
homosexualidad o control de la natalidad y muchos otros anteponemos nuestra
moral cristiana y suponemos que son ley para todos, y queremos imponérselo a
todo el mundo sin importar si son ateos, agnósticos o practican alguna religión
diferente. Queremos que todos piensen y actúen como nosotros y si no los
mandamos al infierno o a la hoguera. Y caemos en aquello de ser: Católicos, apostólicos,
romanos pero muy poco cristianos.
Muchas veces tienen un
comportamiento enérgico, por lo menos de palabra, casi siempre van acompañadas
de gran vehemencia y de mucha emoción, que impide criticar o razonar en
contrario, tienden a ser extremistas, por ejemplo tengo varios amigos, residentes
en USA, de gustos republicanos que califican de comunistas a los demócratas y
al papa, y cuando en cualquier país occidental, léase Colombia o España, donde hay
elecciones, o protestas de parte de la derecha se anota rápidamente y llegan a
extremos donde son promotores de golpes de estado contra esos gobiernos izquierdosos,
comunistas, socialistas o bolivarianos. Porque todos son unos chavistas de
mierda. Aquí hemos mezclado el reconcomio nacional con la posesión de la verdad
y eso los hacen dueños absolutos de la verdad.
Aquí tienen un ejemplo, la interpretación
de una amiga que también se los ha topado: Al señor que está a mi lado le pasa
lo mismo que a mi abuela, no controla la voz y, en la sala de espera en la que
nos encontramos, más que dar su opinión (a su sufrido acompañante) sobre rusos,
parece que la estampa contra las paredes en plan grafiti con letras negras
sobre fondo blanco. «Los rusos son todos unos comunistas borrachos, son los
mayores consumidores de cerveza del mundo». Los demás (impacientes) pacientes
nos miramos discretamente los unos a los otros, tal vez para asegurarnos de que
no haya ningún ruso en la sala.
Aprovecho para seguir cavilando sobre esas personas
tan llenas de certezas como de exigencias. Andan por el mundo como Perico por
su casa, y me da por soñar con un mundo en el que sus acompañantes tengan la
obligación (como los amos de mascotas) de sacarlos a pasear con bozal o con
bolsitas de plástico para recoger sus cagadas.
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