miércoles, 8 de noviembre de 2023

Poseedores de la verdad

 Desde hace tiempo uso este calificativo con algunos conocidos que actúan como si fueran los dueños de la verdad, parece que la tienen concedida por Dios, o recibida en herencia, o por sus méritos, no sabemos. Pero sus argumentos, su sapiencia innata casi siempre lo que refleja es su ignorancia del tema, de la vida o de la realidad. Pero para él es la verdad y punto. ¿Les suena conocido?

Estos personajes aun siendo tus amigos, son difíciles de tratar, si el tema es de política, religión o de futbol o béisbol, no hay forma de conversar, sus opiniones o mejor dicho sus verdades disparadas en voz alta causan estragos en los oyentes hasta en aquellos que son de la misma opinión, o fanáticos del mismo equipo. Casi siempre el comentario general es que tenemos que quererle mucho para poder soportarle. Y nos despedimos con un desagradable sabor de boca.

En algunos hay un componente religioso que marca o explica muchas de sus actitudes o comportamientos. Si pensamos o nos han inculcado que solo hay un Dios verdadero, que por supuesto es el nuestro, si creemos que los ateos van al infierno por el solo hecho de no creer en el dios verdadero, por lo tanto y en consecuencia con estas creencias somos los buenos, los que podemos ir al cielo, los otros no pueden, no son tan buenos, o están enfermos o engañados pero no dan la talla. Juzgamos al diferente desde nuestra moral y nuestras costumbres y tradiciones católicas. Aquí encajan frases como: somos la gente de bien, actuamos como Dios manda, que definen esa dualidad del bien o el mal, el correcto y el equivocado. Ya tenemos un estereotipo y una forma de justificar lo bueno que somos, por lo tanto nuestra opinión es la verdad y está escrita en piedra.

En temas como el aborto, matrimonio, el divorcio, relaciones sexuales, la eutanasia, el sacerdocio y celibato, la homosexualidad o control de la natalidad y muchos otros anteponemos nuestra moral cristiana y suponemos que son ley para todos, y queremos imponérselo a todo el mundo sin importar si son ateos, agnósticos o practican alguna religión diferente. Queremos que todos piensen y actúen como nosotros y si no los mandamos al infierno o a la hoguera. Y caemos en aquello de ser: Católicos, apostólicos, romanos pero muy poco cristianos.

Muchas veces tienen un comportamiento enérgico, por lo menos de palabra, casi siempre van acompañadas de gran vehemencia y de mucha emoción, que impide criticar o razonar en contrario, tienden a ser extremistas, por ejemplo tengo varios amigos, residentes en USA, de gustos republicanos que califican de comunistas a los demócratas y al papa, y cuando en cualquier país occidental, léase Colombia o España, donde hay elecciones, o protestas de parte de la derecha se anota rápidamente y llegan a extremos donde son promotores de golpes de estado contra esos gobiernos izquierdosos, comunistas, socialistas o bolivarianos. Porque todos son unos chavistas de mierda. Aquí hemos mezclado el reconcomio nacional con la posesión de la verdad y eso los hacen dueños absolutos de la verdad.

Aquí tienen un ejemplo, la interpretación de una amiga que también se los ha topado: Al señor que está a mi lado le pasa lo mismo que a mi abuela, no controla la voz y, en la sala de espera en la que nos encontramos, más que dar su opinión (a su sufrido acompañante) sobre rusos, parece que la estampa contra las paredes en plan grafiti con letras negras sobre fondo blanco. «Los rusos son todos unos comunistas borrachos, son los mayores consumidores de cerveza del mundo». Los demás (impacientes) pacientes nos miramos discretamente los unos a los otros, tal vez para asegurarnos de que no haya ningún ruso en la sala.

Aprovecho para seguir cavilando sobre esas personas tan llenas de certezas como de exigencias. Andan por el mundo como Perico por su casa, y me da por soñar con un mundo en el que sus acompañantes tengan la obligación (como los amos de mascotas) de sacarlos a pasear con bozal o con bolsitas de plástico para recoger sus cagadas.

 

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