domingo, 19 de enero de 2025

Michael Miguel y el chueco Rodrigo Riera

En los años 1989 al 94 que fui Secretario de la USB me tocó asistir a varias  reuniones de los Secretarios de las universidades nacionales y esta historia que hoy cuento coincidió en una de aquellas reuniones en Barquisimeto donde el anfitrión era el Dr. Régulo Carpio, Secretario de la universidad centro occidental Lisandro Alvarado (conocida en Venezuela como UCLA) y siguiendo la tradición establecida esa noche se esperaba un pequeño agasajo para todos los secretarios visitantes en algún sitio particular del campus de la universidad.

En esta ocasión Régulo nos invitó a su casa a un pequeño aperitivo y una cena informal, con dos grandes sorpresas: al llegar fuimos recibidos en la puerta por la hija Sondra, Miss Lara de ese año en el concurso de miss Venezuela, seguida por el saludo de Regulo con la sorpresa de un pequeño concierto de guitarra por el gran guitarrista venezolano Rodrigo Riera.

Quizás aquí convenga aclarar que Rodrigo Riera es caroreño y uno de los guitarristas más famosos de Venezuela, solo superado para algunos por el gran Alirio Díaz y le dicen chueco porque de nacimiento tiene una pierna un poco más corta que la otra y usa un zapato ortopédico que debe tener una suela de unos 8 centímetros más grueso que el otro y camina con un pequeño tumbao, con lo que se ganó el apodo de “El Chueco”

Pasamos al salón y nos sentamos en las sillas preparadas para el efecto y seguidamente Rodrigo tocó cuatro de sus composiciones, con una pequeña introducción del motivo e inspiración de cada pieza.

Recuerdo claramente que en una de ellas contó que la compuso en París cuando fue a estudiar música, donde paso muchas penurias y le pego mucho el guayabo y dijo “de ese guayabo salió Nostalgia” y presenciamos o sentimos impresionados una guitarra llorar.

Al terminar fuimos agradeciendo la maravilla de concierto y entre Regulo y Lenin Herrera secretario de la universidad del Zulia nos iban presentado a cada uno, al llegar yo Lenin en plan de broma me presentó como Michael Miguel a lo cual nos reímos todos los presentes, porque en una de las piezas había hablado de la gente que ponía nombres raros a sus hijos y uso el ejemplo de llamar a un hijo William Guillermo.

Después del brindis y la cena nos quedamos un pequeño grupo de cuatro, hasta la madrugada y Rodrigo nos deleitó con muchas de sus creaciones: tangos, boleros, y hasta una ranchera de su repertorio, pasamos un gran rato con Rodrigo Riera y tomándonos el whisky de Régulo.

Pasados un año o un poco más me encontré con Rodrigo Riera por casualidad  y cuál no sería mi sorpresa que al acercarse me dice: Hola, ¿Cómo estás Michael Miguel? y sonríe con cara de pícaro. Era un ser excepcional.

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