En los años 1989 al 94 que fui Secretario de la USB me tocó asistir a varias reuniones de los Secretarios de las universidades nacionales y esta historia que hoy cuento coincidió en una de aquellas reuniones en Barquisimeto donde el anfitrión era el Dr. Régulo Carpio, Secretario de la universidad centro occidental Lisandro Alvarado (conocida en Venezuela como UCLA) y siguiendo la tradición establecida esa noche se esperaba un pequeño agasajo para todos los secretarios visitantes en algún sitio particular del campus de la universidad.
En esta ocasión Régulo nos invitó
a su casa a un pequeño aperitivo y una cena informal, con dos grandes
sorpresas: al llegar fuimos recibidos en la puerta por la hija Sondra, Miss
Lara de ese año en el concurso de miss Venezuela, seguida por el saludo de
Regulo con la sorpresa de un pequeño concierto de guitarra por el gran
guitarrista venezolano Rodrigo Riera.
Quizás aquí convenga aclarar que Rodrigo
Riera es caroreño y uno de los guitarristas más famosos de Venezuela, solo superado
para algunos por el gran Alirio Díaz y le dicen chueco porque de nacimiento
tiene una pierna un poco más corta que la otra y usa un zapato ortopédico que
debe tener una suela de unos 8 centímetros más grueso que el otro y camina con
un pequeño tumbao, con lo que se ganó el apodo de “El Chueco”
Pasamos al salón y nos sentamos
en las sillas preparadas para el efecto y seguidamente Rodrigo tocó cuatro de
sus composiciones, con una pequeña introducción del motivo e inspiración de
cada pieza.
Recuerdo claramente que en una de
ellas contó que la compuso en París cuando fue a estudiar música, donde paso
muchas penurias y le pego mucho el guayabo y dijo “de ese guayabo salió
Nostalgia” y presenciamos o sentimos impresionados una guitarra llorar.
Al terminar fuimos agradeciendo
la maravilla de concierto y entre Regulo y Lenin Herrera secretario de la universidad
del Zulia nos iban presentado a cada uno, al llegar yo Lenin en plan de broma me
presentó como Michael Miguel a lo cual nos reímos todos los presentes, porque
en una de las piezas había hablado de la gente que ponía nombres raros a sus
hijos y uso el ejemplo de llamar a un hijo William Guillermo.
Después del brindis y la cena nos
quedamos un pequeño grupo de cuatro, hasta la madrugada y Rodrigo nos deleitó
con muchas de sus creaciones: tangos, boleros, y hasta una ranchera de su
repertorio, pasamos un gran rato con Rodrigo Riera y tomándonos el whisky de
Régulo.
Pasados un año o un poco más me encontré
con Rodrigo Riera por casualidad y cuál
no sería mi sorpresa que al acercarse me dice: Hola, ¿Cómo estás Michael Miguel?
y sonríe con cara de pícaro. Era un ser excepcional.
No hay comentarios:
Publicar un comentario