Papas y Jueces 26/1/2025
Si
somos católicos pensamos o estamos seguros que un papa será un señor de grandes
virtudes cristianas, con conocimientos de filosofía y teología, buena persona,
con algo o mucho carisma, con una edad avanzada tras largos años como
sacerdote, párroco, obispo, arzobispo, cardenal y al llegar a Papa esperamos
también que tenga grandes habilidades para dirigir una organización como la
iglesia católica.
Así
mismo hemos creído que un juez de un alto tribunal, cumple con muchos requisitos
parecidos a los descritos anteriormente: avanzada edad, fuertes conocimientos jurídicos,
experiencia acumulada porque ha ido
ocupando cargos en una carrera jurídica. Lo de buena persona quizás se
sustituye por persona sería y estricta que vela por hacer cumplir la ley y eso suena
a alguien que además de serio tiene carácter fuerte que no se deja engañar por
abogados o letrados y no permite argucias legales porque se conoce la ley al
dedillo. Con astucia y fortaleza de ánimo para dictar justicia a todos. Y siempre
debe ser: objetivo, ecuánime, justo e imparcial.
Para
Jueces las virtudes cristianas aunque creo son bienvenidas no es un requisito
formal del cargo, no es obligatorio ser un buen católico aunque estimo que en
España muchos lo serán, pero no debería ser una credencial de mérito, en un
estado aconfesional podrían profesar cualquier religión y podrían ser ateos o agnósticos
porque no nos juzgan con la ley de Dios sino con la constitución y las leyes dictadas
por y para los ciudadanos de ese país. Por eso es importante no confundir la
gimnasia con la magnesia y no confundir el estado con la iglesia y no mezclar
la moral con la justicia. No confundir el pecado con el delito. Cuidar las
actitudes que corresponden a aquella frase que reza: “hacer las cosas como Dios
manda” aquí la que manda es la ley de los hombres.
Pasemos
por ahora este punto y concretémonos en lo de tener virtudes, valores y muchos
pero muchos principios éticos y morales. Podríamos definirlo como tener una
actitud, rectitud y respeto con sus semejantes que serán juzgados en su
tribunal. Ser buena persona en su más amplio sentido.
Tanto
un papa como un juez pueden ser muy conservador (Juan Pablo II) o más renovador
(Juan XXIII o Francisco I) y también un juez puede ser muy conservador y nos
imaginamos que también hay algunos progresistas e innovadores que quieren
actualizar y renovar las leyes, las formas y procedimientos. Al papa renovador se
le oponen los cardenales conservadores y al Juez renovador se le oponen las
asociaciones de jueces conservadores y hasta aquí parece todo normal. Porque
como siempre lo malo son los excesos o los extremos.
Por
ejemplo: si ese juez desde su infancia vivió en un ambiente acomodado y escuchó
a los mayores pontificar sobre “todas las mujeres son putas excepto mi madre y
mi hermana” y piensa que las mujeres deben casarse y dedicar su vida a traer
hijos al mundo y honrar y servir a sus maridos según el axioma de la sección femenina
de falange española: “de forma callada y sumisa”… En este caso tendremos un
exceso y por tanto un problema con ese juez y si eso ocurre con muchos jueces o
también con otros prejuicios debido a las diferencias por sexo, raza, religión o
condición social. Tendremos un grave problema con el sistema judicial.
Porque
un exceso de prejuicios o actitudes ultra moralistas puede llegar a parecer un
sistema judicial feudal o patriarcal. Y lo de considerar como buena persona a
todos los jueces estaría en entredicho.
Aquí
tenemos el problema: la calidad humana del personal. Sus prejuicios, sus
creencias y tendencias políticas que pueden nublar o iluminar su objetividad y
su ecuanimidad.
En
resumen a los jueces debemos verlos como seres humanos, no son intocables, no
son sagrados, ni divinos, no son dioses, no están ni tocados ni seleccionados
por Dios, pueden ser aplaudidos y cuestionados, criticados o discutidas sus
decisiones y debe haber formas ágiles para que el sistema judicial pueda
evaluar y corregir sus actuaciones cuando corresponda.
El
sistema judicial, los jueces en general requieren con urgencia una cura de
humildad
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