14 de junio 2015
Hoy los voceros, barones,
diputados y dirigentes del PP, todos ellos hasta los tertulianos de derecha,
todos siguen el mismo libreto: atacan a Pedro Sánchez por desleal, mezquino y
radical. Antes de ayer le decían traidor, radicalizado y izquierdoso. Ayer lo
acusaban de vendido a Podemos y sentenciaban que será el culpable del negro
futuro de España. Mañana lo acusarán de otra cosa. Y de nuevo todos seguirán el
guión aprobado. Todos dicen lo mismo, emiten los mismos adjetivos y epítetos,
solo se diferencian en la agresividad de los gestos que acompañan a la palabra
usada, siempre sin salirse del texto dictado desde arriba. Todos se aprendieron
bien la lección y la repiten al caletre. Son muy disciplinados.
Pero no es solo táctica, esto
constituye la estrategia ganadora del PP: desprestigiar al PSOE para poder
ganar en noviembre. Esto tiene dos aspectos que no me gustan: El primero de
ellos es que el PP es un partido muy disciplinado, que sigue las consignas
emitidas por el dedo director, sin pestañear, ni protestar, ni salirse del
redil, todos los carneros y ovejas van juntos. Bueno, a veces una y solo una
oveja negra se sale del redil, pero solo una, Esperanza Aguirre y es mal vista
por todo el rebaño. Y la demostración de que es un error disentir, quedó evidenciada
en las elecciones del ayuntamiento de Madrid donde, dicen los colegas, perdió
por no seguir las consignas del partido. Podríamos decir: eso es organización,
orden y disciplina. También podríamos decir que es una autocracia, tiranía o
dictadura de partido, son restos del absolutismo europeo del siglo XVIII y XIX.
El segundo aspecto es la
estrategia en sí misma, no se trata de explicar el programa que proponemos, o
las diferencias y las bondades de nuestras propuestas, no se trata de argumentar los beneficios de
votarnos. ¡No! Se trata de desprestigiar al contrario, atacar y mentir para que
todos repudien al contrario. Que se pase el tiempo desmintiendo lo que nosotros
decimos.
Repetir un slogan hasta cansarse,
vilipendiar al PSOE: con dos variantes, una que se han radicalizado. Que
todos piensen que se desplaza a la ultra izquierda, que se han convertido en
rojos, y otra que se ha vendido se ha entregado a Podemos,
los populistas se comerán al PSOE, que para noviembre habrá desaparecido el
PSOE, y habrá que vencer a Podemos, vencer a los rojos come niños en las
elecciones de noviembre.
Lo peor de esa estrategia, lo
ruin y criticable es usar el miedo de la guerra civil para ganar. Recurrir a lo
más bajo para que piensen que el oponente es el diablo que intenta subvertir el
orden establecido, que amenaza al sistema, que intenta acabar con lo que hemos
construido. Es el mal en sí mismo. Porque nosotros, los de derecha somos los
buenos.
Que todos lo hagan, que todos los
dirigentes sigan los slogan publicitarios, que todos sigan el libreto indica
una falta de ética y moral colectiva. Ninguno discrepa de esa estrategia, todos
la siguen por igual. Lo único que importa es ganar las elecciones en noviembre.
No sé porque, pero me recuerda a Goebbels, ministro de propaganda de Hitler.
“si una mentira se repite lo suficiente,
acaba por convertirse en verdad”
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