Cuando
joven, tuve la suerte de vivir una época romántica, de gran agitación política
y de grandes reformas, salíamos de una dictadura y soñábamos con un mundo
nuevo, mejor para todos. Revisando mi experiencia de muchos años, experiencia
de ver a partidos que en los sesenta y setenta brillaban por sus ideologías,
sus propuestas de solución basadas en un modelo de nación apoyado en una forma
de ver al mundo y al ciudadano, basado en una ideología de moda en el momento,
que tenía un plan social, político y económico, que conllevaba un programa de
reformas basadas en esa forma de entender al ser humano y a la sociedad: La
democracia cristiana, la social democracia, el sistema comunista o Socialista,
etc. Podías estar de acuerdo con un modelo y opuesto a otros, pero sabias a que
atenerte, por que se planteaban claramente las diferencias, había mucha
oratoria y argumentación seria para convencer al votante, al ciudadano que se
interesaba por entender que proponían y porque era diferente a lo que proponían
los adversarios. Y tuvimos esperanzas en el futuro.
Con
el tiempo, dicen que es la entropía normal y obligada del universo, en pocos
años se fue perdiendo la esencia del proceso, empezó a cambiar la forma de
hacer política, empezaron a prevalecer intereses de partido a los nacionales, después
intereses de grupo a los del partido, luego intereses personales a los de grupo
y ya se desgració la ideología, se degeneró el sistema de partidos, se inició
un proceso corrupto de complicidad e impunidad que permitía que todo político pudiera
enriquecerse, que los partidos se pudieran financiar con dinero público, se repartían
dinero negro, sobre con comisiones, se cobraba mínimo el 3% de las obras públicas,
todos los contratistas participaron o quebraron, se instauró la contabilidad B,
se aprobaron privilegios para diputados y senadores para comprar el silencio y
la complicidad, y desaparecieron las ideologías. Se centró el proceso interno
partidista en luchas personales y de grupos que aspiraban a gobernar, aspiraban
al poder y a los beneficios, se instauró la avaricia en el reino… y se jodió
todo, nos jodimos todos.
En
Venezuela la gente buscó una salida, buscó un salvador y apareció Chávez y ya
ven lo que ha ocurrido. En España ha aparecido Iglesias montado en el
movimiento político que se generó con los indignados y ha llegado cerca de
lograrlo.
Se
necesitan muchos cambios para lograr un futuro mejor, pero tenemos una elite política
con privilegios y con la sartén por el mango que tratará por todos los medios,
hará lo posible y lo imposible para evitar los cambios, para evitar perder los
privilegios y así evitar perder el poder. Por esta vía no hay salida, o la vía
de salida es muy peligrosa por la violencia que puede generar.
No
parece haber futuro.
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